El Siglo

Indicadores que nadie mide, pero dicen mucho

Conocer otros países nos permite comprender de mejor manera por qué estamos tan rezagados en términos de desarrollo. Vamos a dejar de lado los indicadores oficiales y a referirnos fundamentalmente a lo que la simple observación nos dicta.

Por trabajo, estuve un par de días por Europa. Qué gusto da ver las calles limpias (o al menos más que acá) y las calles sin baches y bien señalizadas. Pero sobre todo da gusto ver cómo los ciudadanos respetan las normas de convivencia, depositan la basura en su lugar y respetan las señales de tránsito. Lo hacen tanto quienes van conduciendo vehículos como los peatones.

Allá, si la gente va caminando y el semáforo le indica que debe detenerse y esperar a que le dé el paso, aun cuando no estén circulando vehículos, se detiene. Aquí, vemos que no hay vehículos y nos lanzamos hacia el otro lado. Incluso aunque haya vehículos circulando. Encima, si llega a existir posibilidad de un percance, el infractor resulta insultando a quien lleva la vía.

En las carreteras, casi siempre de tres carriles por sentido y sin bache alguno (incluso sin señales de haber sido reparadas), los vehículos pesados circulan, como debe ser, por el lado derecho. Y cuando existe la posibilidad de rebasar, activan el pidevías, esperan a que no venga otro vehículo, se hacen al carril del centro, rebasan y luego vuelven casi de inmediato al carril derecho donde siguen su marcha. Aquí, todo mundo va por el lado izquierdo, cual si nos sintiésemos ingleses o japoneses. Y, contrario a lo que la ley manda, rebasamos por la derecha.

Si de tirar la basura se trata, las personas suelen buscar siempre un basurero público, casi infaltable en las esquinas de las calles más transitadas. Aquí, tiramos papeles, latas, lo que sea, sobre las aceras. Incluso cuando uno va en carretera puede observar cómo las personas lanzan papeles, pañales desechables, latas y botellas desde los buses o vehículos particulares, sin importarles, no solo ensuciar sino que puedan lastimar a otro vehículo o provocar un accidente.

Parece que solo pensamos en nuestro bienestar y casi nunca en el bienestar colectivo. Es decir, en el bien común. Esto es parte, indudablemente, de la educación. Somos un país con niveles muy bajos de escolaridad, y la poca que a veces tenemos es de mala calidad.

Es probable que esos países no siempre fueran así como son ahora. Es probable que hayan sido como nosotros. Pero eso fue hace mucho tiempo. Los esfuerzos conjuntos de sus gobiernos y sus ciudadanos los han hecho diferentes. Los han hecho sociedades solidarias y con un amplio sentido de respeto los unos hacia los otros, siempre pensando en el bien común. Habrá sus excepciones, por supuesto, pero en términos generales, actúan pensando en el bien social. Claro está, buena dosis de su comportamiento está basada en el respeto a la ley, que, por cierto, es dura y se aplica. Además, cuidan de sus recursos porque les cuestan. Pagan elevados impuestos para vivir bien, para recibir educación, salud, seguridad y ornato de calidad.

No pierdo la esperanza de que un día seamos así. Que en Guatemala respetemos la ley y se castigue sin miramientos al que la transgreda. Que paguemos voluntariamente nuestros impuestos, pero también que a cambio el gobierno de turno nos ofrezca servicios de calidad. Seguro que así será. Solo espero poder verlo.

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