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Muere una historia, nace una leyenda

Juan Gabriel deja una huella imborrable y un legado inigualable.

“Quiero que canten y bailen, porque así estoy a su lado”, era una de las frases infaltables en cada concierto de Juan Gabriel. Su cuerpo ha dejado de existir, pero su alma vive en cada uno de sus seguidores, y su música ha quedado inmortalizada.

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El Divo de Juárez ha dejado un legado imborrable en la música, no solo mexicana, sino en el ámbito mundial. Su familia, diversos artistas y sus más fieles seguidores hoy lloran su partida. Ya no se le verá en los escenarios; su voz se apagó, posiblemente su historia haya muerto, pero hoy ha nacido una leyenda, la cual será recordada eternamente.

Juanga, con sus canciones, arrancó suspiros, unió amores, hizo llorar a muchos por despecho, pero sobre todo puso a bailar a cada uno de los que gozaron su música, desde su primer disco El alma joven, el cual se estrenó en 1971, hasta Los Dúo 2, el último que grabó en 2015.

Se fue feliz

Juan Gabriel gozó cada una de sus presentaciones, y la última no fue la excepción, la cual brindó en los Estados Unidos el viernes pasado. “Felicidades a todas las personas que están orgullosas de ser lo que son”, fue la última frase que el nacido en Michoacán dijo al finalizar el concierto, la cual duró un poco más de tres horas, donde fue un derroche de talento que dejó en el escenario, bailando, pasándosela bien con su inseparable mariachi, lució contento, sin imaginar que no volvería a los escenarios y su gira ahí terminaría, luego que dos días después su corazón decidiera no latir más.

Ejemplo de superación

María La Bandida, autoría de José Alfredo Jiménez, fue la primera canción que interpretaría a los 16 años, debutando en el cabaret Noa Noa, bajo el nombre artístico de Adán Luna, interpretaba temas de varios autores. Estando en Juárez, Chihuahua, tierra donde se crió desde pequeño, escribió la canción Noa Noa, en honor al cabaret que le abrió las puertas para iniciar su carrera artística.

Viajó varias veces a la ciudad de México en busca de una oportunidad, pero no tuvo la suerte que esperaba. Incluso, en uno de esos viajes fue acusado de robo y estuvo injustamente preso casi un año. Estando allí conoció a Enriqueta Jiménez La Prietita Linda, quien abogó por él para que fuera puesto en libertad por falta de pruebas. A partir de ahí la vida le cambió. Jiménez, conocedora de su talento, lo recomendó a una disquera, donde gustó y empezó a hacerle coros a Angélica María, Roberto Jordán y Estela Núñez. Y entonces el nombre de Adán Luna fue enterrado, para darle vida a Juan Gabriel (nombre en honor a un maestro y a su padre), y en 1971 despegó su carrera profesional. Canciones como Tres claveles y un rosal, y No tengo dinero, se convirtieron en todo un éxito. Y así despegó la carrera de Alberto Aguilera, nombre original de Juan Gabriel. Toda una muestra de lucha y superación, atrás quedó aquel niño que vivió parte de su vida en un orfanato, y sufrió el abandono de su padre. Ese mismo que regresó a los 14 años al lado de su madre para vender comida en las calles de Ciudad Juárez; ese mismo que años atrás vendía artesanías fabricadas por él; ese mismo que dio sus primeros pasos en el canto en el coro de una iglesia. Jamás dejó de soñar, siempre tuvo claras sus metas, todo un ejemplo de lucha y superación. Hoy se convierte en toda una leyenda inmortal, y su Amor eterno vivirá por siempre, su música nunca dejará de sonar y su recuerdo por siempre vivirá.

“GRACIAS POR TU MÚSICA, JUAN GABRIEL”

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