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El Gatopardismo (cambiar todo para que nada cambie) es, definitivamente, lo que ha caracterizado a nuestro país a lo largo del último año y medio; un período que sin duda ha significado la crisis política más larga de nuestra Historia, que aun dista mucho de terminar.

Cayó un gobierno corrupto, al que sucedió un gobierno de transición  que entregó el poder a un imberbe al que se le cayó de las manos, si es que alguna vez lo llegó a tomar.

Sigue la corrupción en las aduanas, los hospitales siguen sin medicinas, los niños siguen sin escuelas, se siguen pagando resarcimientos ilegales, la cifra de asesinatos diarios sigue igual, y la lista seguiría hasta llenar esta columna. Tal vez lo único que ha cambiado gracias a la crisis política, es la economía del país, que durante el último año muestra un deterioro que nadie puede negar; el capital nacional está en franca retirada y el que pensaba venir, decidió variar su rumbo para asentar sus reales en parajes más seguros, lejos del terrorismo fiscal.

Con las elecciones en los Estados Unidos a solo dos meses de distancia, el tiempo se acaba para el Departamento de Estado en Guatemala.  ¿Trump o Clinton? Imposible predecir el resultado. Por eso, para la embajada urge cambiar el sistema ya; y vaya si el presidente Jimmy Morales no está ayudando. Su falta de carácter rebasa la de Otto Pérez Molina, con quien comparte una caja de cambios que solamente tiene una marcha: retroceso. Los pucheros no lo ayudan para nada ante la opinión pública, como tampoco lo hacen nombramientos como el de la ministra de salud, quien pareciera hacerle competencia al presidente con las bromas de mal gusto. Y si Jimmy Morales pensó que a alguien impresionaría con pedir ayuda públicamente a Joviel Acevedo, estuvo en lo cierto, ya que a todos nos dejó perplejos semejante disparate. La debilidad del presidente es proverbial; tanto, que estoy seguro que desafortunadamente la idea de renunciar ronda por su mente con insistencia.  ¿Y después? La respuesta a esa pregunta me la dio con claridad hace un par de años el entonces embajador Arnold Chacón durante una reunión privada que sostuvimos él y yo: “Soy de los pocos embajadores que no tienen que hacer antesala para hablar con la Secretaria de Estado Clinton, debido a mi relación con Claudia Paz y Paz”.

Si usted tenía alguna duda al respecto del destino que aguarda a Guatemala en caso que Hilary Clinton gane las elecciones, estoy seguro que el párrafo anterior se la despejó.

¿Y si Clinton no alcanza la presidencia? Ante esa posibilidad, el eje conformado por el Departamento de Estado, la embajada, la CICIG y el MP, trabaja para relevar a Jimmy Morales ya, para que después, desde un gobierno de extrema izquierda, Guatemala sí cambie y dirija su rumbo hacia un despeñadero, como en Venezuela.

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