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Estados Unidos: los problemas de dos candidatos impopulares

El jueves pasado, reportan James Hohmann y Breanne Deppisch, un grupo focal de doce personas, organizado por el experto Peter Hart, se reunió en la ciudad de Milwaukee, Wisconsin, para sondear la situación electoral estadounidense.

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Los autores del reportaje indican que los doce miembros del grupo, a la hora de votar, se dividieron en tres partes iguales: cuatro se inclinaron por Clinton, cuatro por Trump y cuatro indecisos.

El grupo focal manifestó su desconfianza y desagrado hacia los candidatos, pero le otorgó a Hillary altas notas en el área de competencia para el trabajo, mientras que a Trump lo descalificó por su temperamento y lenguaje ofensivo. Por último, apuntan Hohmann y Deppisch, once de los doce participantes consideraron muy probable el triunfo de Hillary en noviembre, pero hicieron notar que enfrentará un problema serio de credibilidad como Presidenta.

En forma casi simultánea, el viernes se dieron a conocer los resultados de la encuesta nacional de la Universidad de Quinnipiac. Según informa Philip Bump, esa encuesta muestra una ventaja clara de Hillary Clinton sobre Donald Trump.

Los encuestados revelaron, señala Bump, que confiaban menos en la candidata Clinton que en el candidato Trump, pero que Hillary estaba más calificada para ser Presidente.

De acuerdo a Bump, la mayoría de estadounidenses considera que Donald Trump no tiene madera presidencial, pero, al mismo tiempo, estiman que Hillary Clinton tiene un problema de credibilidad.

Este fenómeno está bien captado por el indicador de encuestas del Huffington Post. Según este instrumento, Clinton aventaja a Trump 47% a 40% en la elección general. Pero la impopularidad de ambos entre el electorado es alta: Hillary 55%, Trump 61%.

En ese contexto, señala el experto Larry Sabato, la estrategia propagandística de cada candidato es resaltar los aspectos negativos del otro candidato, para lograr que la imagen negativa de uno de ellos sea tal que empuje al votante a la elección del otro.

El cambio de la dirección de la campaña de Donald Trump el martes 16 de agosto se explica, en gran medida, por esa racionalidad.

El nombramiento de un hombre de extrema derecha como Stephen Bannon, dedicado a la destrucción de los Clinton y del establecimiento republicano, tiene el doble propósito de centrar el ataque en los puntos débiles de la candidata demócrata, especialmente los correos electrónicos y el financiamiento de la Fundación Clinton, al mismo tiempo que amenaza al establecimiento republicano.

Por otro lado, el arribo de Kellyanne Conway a la campaña presidencial republicana tiene el objetivo de ganar a los indecisos, así como expandir la base electoral entre las minorías. Eso explica la creciente atención de Trump a la población afroestadounidense y su giro en materia migratoria, todavía confuso, según el Wall Street Journal, como señal de apertura a la minoría latina.

Esta apertura de Trump a las minorías, tiene como objetivo también fortalecer el apoyo de su candidatura entre la población blanca educada, que tiende a respaldar posiciones políticas moderadas.

El voto de la población blanca educada es la batalla clave de la elección de 2016, señala William A. Galston, y Trump la va a perder, a menos que presente un marco de políticas y discursos incluyentes. “La política de división que ha practicado Trump”, señala Galston, “ha hecho más por alejar a los republicanos moderados, que por atraer nuevos apoyos electorales”.

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