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Urgimos de una cultura de negociación y diálogo

Desde su llegada a Guatemala, Iván Velásquez no ha tenido diferencias de criterio con la sociedad civil. Sí las ha habido, y en abundancia, con la derecha política, el empresariado y el Ejército. Pero dicen que siempre hay una primera vez. Y a Velásquez ya le llegó.

El tema de la discordia es el de la propuesta de reforma del Código Procesal Penal, para hacer valer la aceptación de cargos para la reducción de penas. Según la iniciativa, avalada por la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), habría tres momentos en que un acusado pueda recurrir a la aceptación de las imputaciones como mecanismo para pasar menos años en prisión.

El primer momento sería la audiencia de primera declaración, en la cual tendría derecho a una rebaja de la mitad de la pena. Si fue después de esta, el perdón sería por un tercio de la pena. Y si ocurriera luego de la apertura a juicio, podría rebajarse una quinta parte de la pena.

El propósito de la entidad internacional y su comisionado es claro, las cárceles están hacinadas y de no hacer algo colapsará todo el sistema. De hecho ya está sucediendo, pues la capacidad de las prisiones está sobrepasada en un 300 por ciento. El problema alcanza a todo el sistema judicial, pues los juzgados están atiborrados de expedientes de procesos que deben esperar el sueño de los justos, porque estos no se dan abasto para atenderlo todo con celeridad.

Por supuesto que no todos ven el problema desde esa perspectiva. Algunos grupos de la sociedad civil, por ejemplo, no tardaron en levantar la voz para hacer notar su desacuerdo con la propuesta. Según ellos, es como premiar a los responsables de cometer ilícitos con un perdón parcial.

Esa perspectiva es correcta, si solo se ve desde un ángulo. Algo que sucede exactamente igual con la propuesta de la CICIG. Pero qué tal si se adopta una acción más conciliadora y se reúnen los diversos puntos de vista para buscar una solución más consensuada al problema. Porque el problema es real, está ahí y hay que enfrentarlo. Lo que falta es encontrar soluciones pactadas, de tal forma que todas las partes involucradas en el debate aporten y sean escuchadas.

Digamos que se trata de una negociación de posturas. Y debe tenerse claro que un acuerdo no implica imposiciones sino cesiones de las partes en debate en la búsqueda de puntos de coincidencia que beneficien a todos.

Eso es lo que nos falta en Guatemala. Una cultura de diálogo para resolver nuestras diferencias. La propuesta inicial ya está sobre la mesa. La CICIG la ha puesto. Ahora falta que el resto de organizaciones interesadas haga lo propio para que luego se genere la discusión que lleve a un puerto común la estructuración de una salida que satisfaga a todos.

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