Home > Pulso > El yin yang fiscal

El yin yang fiscal

Eduardo Weymann

.

El yin yang es un principio de la filosofía china, en donde el yin y el yang son dos energías opuestas que se necesitan y se complementan; la existencia de uno depende de la existencia del otro. En materia fiscal, podríamos aplicar el concepto, entonces, en que el yin son los impuestos y el yang el gasto público, los servicios que el Estado provee a la población.

Las autoridades públicas de turno impusieron recién en la mesa del debate público, una reforma tributaria, no una reforma fiscal, donde solo la cara del yin está en discusión. ¿Y qué del yang? ¿Cuándo?

Revisando la experiencia en materia de reformas fiscales en nuestro país, dos grandes lecciones podemos rescatar: 1. Si un tema desgasta a las autoridades públicas de turno, son los impuestos –así que no vale llorar…; y 2. La discusión pública ha sido tradicionalmente concentrada en el lado del yin, los impuestos, no del yang, calidad y eficiencia del gasto público. Cada reforma fiscal tiene su historia, y esta ¡vaya que la tiene! Para empezar, se está discutiendo la reforma en un entorno donde la conciencia ciudadana aún no se recupera de un traumático episodio de corrupción que apenas empieza a tratarse judicialmente. Y digo empieza, porque los juicios y las condenas están a no menos de un año de verse. Solo por esta condición, pedirle a la población mayores tasas de impuestos pues no viene en buen momento, porque aún no se ven resultados tangibles en materia del combate a la corrupción.

Por otro lado, ¿qué garantía tiene la población de que el ente recaudador no siga robándose los impuestos? Las últimas reformas a la Ley Orgánica de la SAT, ni siquiera están vigentes al día de hoy –el presidente de la República aún no ha sancionado la ley–; ¿qué ha cambiado como para que la moral tributaria ciegamente confíe en esta “nueva Guatemala”, u “occupied Guatemala” como dirían otros?

Básicamente el punto es que esta reforma fiscal debe empezar por el lado del yang: una reforma a la política del gasto público que –en adición al avance judicial de los escandalosos casos de corrupción que tienen intoxicada a la población– se revise la lista de prioridades de hoy en materia del gasto público; donde comencemos a frenar esa mala práctica de preasignar el destino de los impuestos como salida política fácil que después resulta muy costosa porque los responsables no rinden cuentas cabales del uso final de los recursos; donde se revisen las ejecuciones del gasto público y los objetivos alcanzados; donde se respeten las asignaciones de cuotas de caja mensuales que reciben las instituciones del Estado (por ejemplo, ¿cómo es posible que Finanzas Públicas siempre prioriza las cuotas mensuales de caja para Gobernación, y no hay forma de que este ministerio se ponga al día con sus compromisos pendientes en alimentos de presidios y en alquileres?); donde se fortalezca la caja del Gobierno Central, que entorpece el cumplimiento de las obligaciones del Estado. De paso, la caja del Gobierno Central está en el nivel relativo y absoluto más bajo, en lo que va de nuestra democracia (la administración Portillo Cabrera dejó en caja el equivalente al 25% de la ejecución presupuestaria de su último año de gobierno; la administración Maldonado Aguirre dejó el equivalente al 5%).

Ya habiendo dando un paso adelante, y en firme, con el yang, habrá mejor ánimo para entrarle al yin.

.
.

Leave a Reply