Home > Columnas > De jinetes y caballos

Escuché por la radio una cita literaria, atribuida a don Luis Cardoza y Aragón, que dice algo así como: “si yo fuera caballo vería a Dios como el jinete”, y me fulminó la idea del destino manifiesto en el que la voluntad y la previsión no tienen nada que ver. Una inmanencia que desprecio por ser causa de la desigualdad.

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De ser así, como dicen que dijo don Luis, habría que ver a la sociedad como una inmensa estampida guiada por un gladiador que, desde una cuadriga, fustiga a las bestias inmediatas y atrasadas en su carrera, indiscriminadamente, intentando ajustar el rumbo a seguir con los chasquidos de su implacable látigo, con la tirantez de las riendas en manojos incalculables y con voces proféticas que son atemorizantes gritos para someter los cuerpos y las mentes.

Porque el mundo no es la mansedumbre y la paz interna de cada uno. No hablo del solaz.  El mundo es el tumulto de músculos sudorosos uno contra otro, resoplidos, bufidos y galopantes coces hacia adelante, sin saber qué es lo que hay más allá, al fin y al cabo caballos desbocados, acaso un muro o un precipicio o algo peor, una estepa infinita o una arena circular. Lo que sea que se encuentre al paso previene un final destructivo y al destruirse a sí misma en su loca carrera, la estampida destruye también a su jinete. No es una visión apocalíptica sino una representación del papel de los tres dioses más importantes sobre la tierra. Universalizando un poco la mesiánica idea atribuida a don Luis Cardoza y Aragón, conducido por su jinete.

El cristianismo, el islamismo y el judaísmo, en conjunto, administran las almas de la mayor parte de humanos sobre la tierra. Religiones que tienen el mismo origen monoteísta, vengativo y punitivo. Si parafraseáramos la cita de marras, todos ellos a su vez, de verse a sí mismos, verían al dinero, la ambición, la avaricia y el odio como sus jinetes, para despedazar sociedades humanas por el control de los recursos.

Estas tres religiones y otras más, de manera compleja funcionan como las riendas que intentan someter a las manadas bestiales mientras que el  jinete, el poder económico, engorda y aumenta su poder. Las alianzas militares, de rusos y estadounidenses, bendecidas por unas o por otras y maldecidas recíprocamente acaban con los pueblos en nombre de la civilización, del bienestar entrecomillado, del oro y el petróleo, justificando el crimen, la indolencia y el sacrificio de millones humanos que lo único  que les queda es relinchar al gusto de los jinetes.

La guerra del Oriente, cercano, medio y lejano, la verdadera quinta guerra mundial, se extiende hasta África del norte y ecuatorial, por Europa y EE. UU., con escenas grotescas pero incomparables con la destrucción de las ciudades de Siria y los dramas humanos que se derivan de esta. Reflexiono en el curso que ha tomado el capitalismo en su eterna crisis y cómo, cabalgando sobre dioses e ideas destruye a los más pobres y débiles sin piedad. Pienso, cuando nos alcance esa brutalidad.

 

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