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Impuestos: ¡Los mismos sostienen la peña!

Uno de los problemas que enfrentan los gobernantes es que se topan con una situación donde los ingresos tributarios no alcanzan para cubrir los gastos del Gobierno. La solución es sencilla. Implica comenzar por enfocarse en el gasto reduciéndolo ahí donde no es prioritario, recortando plazas fantasmas, revisando los onerosos pactos colectivos, cerrando ministerios y secretarías que no se necesitan y eliminando todos los programas de repartición de distintos artículos y comida que han terminado en una asquerosa corrupción además de ser clientelares. El problema comienza con el gasto y la eliminación de la corrupción, no los ingresos.

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En el programa número 178 de Dimensión sobre la Reforma Fiscal que se publicó el fin de semana pasado me llamó la atención las siguientes estadísticas. El gasto en salarios representaba en el 2007 el 22% del total de egresos del Gobierno mientras que en el 2015 había aumentado al 34%. El Gobierno ha crecido en burocracia afectando la ejecución efectiva del gobierno puesto que esto ha sido resultado de las presiones políticas y sindicales a las que los gobernantes débiles han cedido. El otro dato que impresiona es que publicó el Índice de Percepción de la Corrupción donde aparece Guatemala como el 5o. país más corrupto de América Latina.

Una vez reducido los gastos superfluos del Gobierno se pueden revisar los ingresos. Debemos partir reconociendo que nuestro complejo sistema tributario se basa en que unos pocos siempre pagan todo mientras muchos pagan poco o nada. Esto se debe a nuestro complejo sistema tributario. Esa complejidad hace que sea difícil de fiscalizar por parte del Gobierno y difícil de cumplir por parte de los tributarios.

La Reforma Fiscal que ha propuesto el gobierno de Jimmy Morales, a pesar que él mismo había dicho cuando era candidato que no subiría los impuestos porque no era prudente ni adecuado en una entrevista que le hizo José Eduardo Valdizán en TV Azteca, implica más de lo mismo. Los que pagan actualmente pagarán aún más. Es decir, los pocos formales que aún pagan impuestos verán incrementada su carga fiscal para sostener un aparato estatal corrupto que aunque está en vías de limpiarse todavía tienen muchas ovejas negras y existen actividades que no son propias del gobierno y deberían desaparecer. La Reforma no solo no prioriza la reducción del gasto sino que le apunta a un incremento del 12% al proyecto de presupuesto de gastos para el 2017 en relación al de este año. Es una gran irresponsabilidad. El resultado será más deuda pues con la Reforma Propuesta, de aprobarse, la informalidad crecerá aún más y si bien en el corto plazo puede incrementarse un poco la recaudación, en el mediano y largo plazo disminuirá aún más además que es una Reforma Recesiva que causará una desaceleración de la economía del país.

En cuanto a la Reforma Tributaria del Gobierno, en vez de progresividad en los impuestos debe haber proporcionalidad que significa que todos paguen la misma proporción de acuerdo con la base imponible. El que más gana pagará más impuestos proporcionalmente al que menos gane con lo que se logra uno de los objetivos de cualquier reforma tributaria que es la neutralidad impositiva, o sea, que el impuesto afecte lo menos posible a la óptima asignación de los recursos.

El gobierno debe dar marcha atrás con esta propuesta de Reforma Fiscal y debe entrarle de lleno a la reducción del gasto público, a la austeridad. Debe concentrarse también en una simplificación tributaria para disminuir la informalidad.

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