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Poderoso caballero es don dinero

El equilibrio de los poderes se ha transformado en Guatemala. Hasta hace unos pocos meses no podía hacerse un análisis sin colocar en el centro los negocios de los grupos económicos como el de los 8, de los 20, el Cacif o Camagro. Hasta la AmCham levanta sus lanzas cuando se trata de política económica. Todos esos grupos expresan siempre una férrea oposición a los cambios que significan una merma a sus ganancias, límites a sus privilegios o equidad en relación con otros actores del país. O bien, porque las políticas que se impulsan les parecen ideológicamente incorrectas. Arropados por camarillas militares y grupos paralelos del crimen organizado, estos poderosos han tenido la capacidad de imponer sus políticas a todo el quehacer del Estado, utilizando los medios de comunicación como sus voceros exclusivos, a las fuerzas oscuras como su medio de coacción, a la justicia como su defensa natural y a los políticos como la quinta columna para impedir que las cosas cambien a favor de la sociedad.

Pero transitamos por un túnel del tiempo extraño. Se desconfiguran los intereses de estos grupos de poder. Los EE. UU. han modificado su papel tras bambalinas y se ha metido a arbitrar entre las instituciones del Estado y la voracidad de los poderosos. Temporalmente se produce un desalineo entre la alianza para la prosperidad y la tradición vernácula de la política. Para su alianza, los gringos requieren instituciones fuertes. Requieren de un Estado funcional y no de grupúsculos que suscriban tratados. Nos encontramos en la fase de homologación de las leyes internas a un american way of life que la sociedad guatemalteca ha adoptado como ideal propio. Lo que significa una justicia pronta y sin distingos y una justicia fiscal para que todos paguen impuestos, que no son tasas bajas, y las pagan todos.

Hace unos meses era imposible pensar en un viraje fiscal que retrotraiga los conservadores avances que les dio a estos grupos la gavilla de Otto Pérez Molina: la casi desintegración del Estado de derecho, la entrega del territorio a las mineras, las hidroeléctricas y el espacio radioeléctrico a las empresas que le hicieron propaganda. Pero ahora nos da la sorpresa el presidente, de volver a la exigencia de las facturas, recaudar el ISR con las tasas de 2009, incremento de las regalías de la minería y aumento al impuesto de combustibles, entre otros sobresaltos que solo se especulan hasta hoy. Especulaciones de los que no han querido discutir una política fiscal con carácter de Estado, detrás de miles de pretextos.

Sin embargo, hasta ahora ha habido intento de golpe de Estado por ese motivo. Si recordamos, a todos los que han intentado tocarles los bolsillos a estos grupos de poderosos les han intentado arrebatar el poder. Hasta Mejía Víctores estuvo a un paso de que lo derrocaran por el “paquetazo fiscal”.

En medio de este silencio, que es oír las mismas peroratas antiimpuestos, me pregunto si habrá una modificación entre los grupos de poder, o si seguimos igual, pese al circo.

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