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La urgente y necesitada reforma fiscal

Guatemala ha entrado en una obligada discusión de reforma fiscal. Y no lo digo porque alguien nos obligue sino porque es necesario. Por supuesto que hay sectores a los que no les interesa hablar del tema, porque sienten afectados sus intereses. Son de esos que lo único que hacen es trasladar lo que pagan al costo de lo que producen o simplemente venden y aun así se quejan.

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El presidente Jimmy Morales habló ya de la propuesta oficial y dijo que no incluye alzas al impuesto al valor agregado (IVA), un tributo al que estos sectores de los que hablamos, seguro sí quisieran que se le suba. Por qué, precisamente por lo dicho, pues es un impuesto que pagan los consumidores finales.

La reforma fiscal debe ser justa. No se trata de afectar a unos o a otros. Para nada. Se trata simplemente de generar los ingresos necesarios para que el Estado pueda hacer frente a las necesidades de la sociedad a la que conduce.

Así, todos tenemos que pagarlos, cada quien dentro de sus posibilidades. Así pagarán menos los que menos ganan y más los que tienen mayores ingresos. Eso es justicia social. Por supuesto que bien calculados, porque luego hay quienes intentan esconder sus ganancias y pagar menos de lo que realmente les toca.

En Guatemala hay sectores a los que en buen chapín les diríamos alagartados; de esos que quieren ganar por montones y pagar como si fueran pobres. Hay grupos que ganan millonadas y luego quieren pagar centavos. Eso no puede seguir pasando. La Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) tiene que jugar un papel importante y duro en ese aspecto.

La mejor prueba de lo que hablamos son las millonarias cantidades que en los últimos tiempos han debido pagar empresas que intentaban eludir al fisco. Solo nos enteramos de algunas pocas, y entre ellas casi debieron pagar alrededor de 600 millones de quetzales en tributos no cancelados. Imaginemos las cantidades que deberían pagar las otras a las que no se les ha cobrado a la fuerza.

Los listados son grandes y han de ser abultados en cantidades de dinero. Pero ese no es el tema de fondo. El asunto es que si se ejecuta una reforma fiscal, debe ser justa. Debe dar lugar a que cada quien pague lo que le toca y también establecer reglas claras para que el dinero que se recaude sea correctamente invertido.

No se debe tratar solo del cobro de impuestos. Se trata de que Guatemala y sus habitantes salgamos del agujero en el que nos encontramos. De ese hoyo que no nos permite superarnos, crecer y demostrar realmente nuestros talentos.

Debemos apoyar una reforma fiscal, comprometidos con Guatemala. Comprometidos con nosotros mismos.

Ya es momento de que pensemos seriamente en mejorar los tristes Índices de Desarrollo Humano que reflejamos cada año. Ya es tiempo de que nuestros estudiantes reciban clases de calidad, y dignamente. Ya es tiempo de que nuestros deportistas se preparen adecuadamente, con el apoyo estatal, para representarnos de mejor manera en las competencias internacionales. Ya es tiempo de que seamos una sociedad más unida y solidaria para salir juntos adelante.

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