Home > Columnas > En trapos de cucaracha

Renuente a aceptar la independencia del 15 de septiembre de 1821, el último tesorero de las Reales Cajas de Guatemala, Manuel Vela, elaboró en Madrid, con fecha 11 de marzo de 1824, un informe sobre la situación hacendaria del país.

Tras de reportar que en caja había, “sesenta pesos (y) medio real”, Vela hace constar: “Por desgracia, hacía muchos años qe. la Real Hacienda de Guatemala, estubo (sic) en la triste situación de qe. sus ingresos, fueron bastante menores qe. los gastos”.

Unos párrafos adelante escribió: “Tan triste era en verdad el deplorable estado del Rl. Erario y si bien este mal, tenía origen más antiguo, es igualmente cierto qe. no dejó de aumentarse en los tiempos cercanos a la rebolución (sic), con gastos crecidos consiguientes al desorden de la época y con la disminución de algunos de los ramos de mayor ingreso, pr. lo qe. de ordinario se hallaban todas las tesorerías exaustas (sic), y sin los fondos precisos para cubrir sus cargos indispensables”.

Lo que confiere actualidad a un documento escrito hace 192 años, se puede resumir en que el Estado guatemalteco nació fiscalmente en trapos de cucaracha. Y así sigue.

Salvando las diferencias de tiempo y la presunta experiencia acumulada en el manejo de las finanzas públicas, sorprende la similitud esencial del diagnóstico de Vela, pero también su aguda visión sobre el estrecho margen de movimiento del que el funcionario realista describe como “el gobierno independiente”.

Dice Vela: “No puede dejar de descubrirse también, a primera vista y en general la absoluta falta de recursos en qe. necesariamente debe hallarse Guatemala pa. sostener su empresa, mayormente quando no le es posible suplirla sin peligro con nuevas contribuciones, pr. qe. ni aun los donatibos (sic), y emprestitos a qe. tambien apeló el Govno. tubieron (sic) efecto sino en muy cortas cantidades”.

En su aguda crítica, Vela dice a continuación que “la virtud del Patriotismo era poco conocida en el sistema independiente y si muy grande la desconfianza de los capitalistas, qe. se fundaba en la nulidad del crédito, pues qe. llegó últimamente hasta ponerse en venta las fincas que pertenecían al fisco, y cuyo producto, aun cuando se haya realizado, será siempre muy mezquino, respecto de las sumas qe. necesitaba”.

Sin duda los problemas de hace casi 200 años eran cuantitativamente menores. Aunque aquellos se situaban en la alborada de la modernidad y los de hoy están a las puer tas de la posmodernidad, siguen siendo esencialmente lo mismo: trapos de cucaracha.

La diferencia quizá pueda estar en que, ahora, hay conglomerados sociales potencialmente capaces de incidir para que la crisis se transforme en oportunidad para abordar seriamente lo que ya se malbarató una vez: un verdadero pacto fiscal.

Ojalá que se alcance a comprender la diferencia entre un acuerdo estratégico nacional, como debería ser el pacto fiscal, y un mero ajuste tributario. La sociedad se está pronunciando con fuerza: NO AL AUMENTO DEL IVA, SÍ AL PACTO FISCAL.

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