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Entre lo común y lo correcto

No hay que hacer cosas buenas que parez- can malas” me repitie- ron mis papás mien- tras crecía, y aun ahora pue- do escuchar sus voces cuando mi instinto me advierte de una de esas situaciones que fácilmente podría ser malen- tendida. Recordar esa frase, en estos momentos, me ha- ce pensar en otra, quizá más importante: “No hay que ha- cer cosas malas, que parezcan buenas”. ¿No lo crees?

En nuestro actuar diario, solemos hacer muchas co- sas por costumbre, ya no las cuestionamos, y lo más segu- ro es que no lo ameriten. Pero hay situaciones que sí merecen ser analizadas, sobre to- do cuando es fácil confundir lo común con lo correcto. Hay que hacer hincapié en que no todo lo común es correcto, ni todo lo correcto es común.

Hacer cosas “comunes” aunque no sean “correctas”, puede ser una acción que ya estemos acostumbrados a aceptar o incluso que no sea evidente a nuestros ojos. Es decir, es probable que sean acciones que hemos aprendi- do desde hace tanto tiempo, que ni siquiera se nos ocurra cuestionarlas. ¿Se te viene a la mente alguna de ellas? Evadir impuestos, colarse en una fila, copiar en un exa- men, podrían ser ejemplos sencillos. Es muy probable que ninguno de nosotros es- temos exentos de haber he- cho alguna de ellas. Algunas puede que sean tan peque- ñas que casi no hayan tenido consecuencias.

El problema, según lo veo yo, es que podemos acos- tumbrarnos a seguir hacien

do las cosas de la misma for- ma como han sido hechas y olvidarnos que tenemos el derecho y la obligación de evaluarlas, sobre todo cuan- do nuestra conciencia nos alerta que los valores que se viven ahora en comunidad, no son los que permitirán los cambios necesarios para crear una mejor sociedad.

Hacer las acciones “correc- tas” que no son “comunes”, requiere valentía y fortaleza de espíritu. Necesita de valo- res firmes que orienten las acciones en los momentos difíciles. Pues muchas veces, actuar así, equivale ir en con- tra de la corriente, hacer las cosas menos populares, es- tar expuestos a la crítica, la incomprensión o el rechazo. Sin embargo, decir un “no” a tiempo, poner un “alto” ade- cuado, para hacer lo correcto, vale la pena, pues permite construir nuestra integridad y honrar nuestra dignidad.

Hacer las cosas correctas aunque no sean comunes, se dice fácil, pero reconozco que no siempre lo es. Sobre todo cuando estas acciones me re- cuerdan a la llamada “Psicología de masas”, el estudio del comportamiento de los grupos colectivos, que indica que los individuos se contagian del comportamiento de los demás y se limitan a repetirlo sin cuestionarse nada.

Según diversos psicólogos y sociólogos, la influencia que genera el grupo en los indivi- duos influye en las diferentes áreas de sus vidas. Y las accio- nes del grupo estarán influi- das por la cultura del mismo y esta es creada sobre los valores que comparten.

De ser así, creo que si te- nemos interés en cambiar el rumbo de nuestra sociedad, nuestro enfoque debería es- tar en volver los valores intrínsecos a la humanidad en los valores más populares. De esa forma, hacer lo correcto sería lo más común. ¿Te atreves a desafiar lo común cuando no sea correcto?

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