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Sobre el señor don Quijote

Por: Adelaida Loukota

Tengo una confesión pública que hacer: no he terminado de leer el Quijote ni una sola vez y supongo que soy la única licenciada en letras en el mundo que lo admite. Les doy la razón si me ven con recelo como profesional después de decir algo así. Hace tiempo yo hubiera hecho lo mismo. En todo caso, puedo asegurarles que sé de qué se trata la novela y cuál es su importancia en la historia de la literatura. He tratado de compensar esta carencia leyendo ensayos sobre la obra y viendo documentales y películas. Digamos que una cosa es reconocer el arte en la fabricación de un delicado paté y otra muy distinta es comértelo con gusto si el sabor no es de tu agrado. Pasa con muchas cosas.

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La verdad, no sé si alguna vez les dije a mis alumnos que no había terminado el Quijote, porque siempre los estaba alentando para que no se dejaran derrotar por las lecturas obligatorias, y no es lo mismo empezar y no terminar, que no empezar nunca e irte a leer un resumen en Internet. Estoy segura de habérselos contado a los que iban a mis clubes de lectura y de haberles asegurado que lo que pasa es que cada libro tiene su tiempo y hay libros a los que uno llega en un momento que no es adecuado.

La primera vez que intenté leer el Quijote fue para una clase en la universidad. Empecé bien y diría que iba a tiempo para terminar antes de la comprobación de lectura, pero no lo logré. Llegó el momento por ahí del capítulo treinta y algo de la primera parte donde no pude más con la tristeza y por el bien de mi alma fui dejando el libro por ahí, hasta que llegó el día en que tenía que hacer la dichosa comprobación, que perdí miserablemente. La licenciada que nos daba esa clase sabía del mal que padecen los estudiantes y antes de empezar cualquier prueba nos preguntaba ¿hay alguien que quiera hacer una confesión pública? Si uno admitía que no había leído, le daba la oportunidad de hacer la prueba otro día. Después de todo, lo importante era leer, conocer de los autores y de sus obras. Por supuesto, perdí la prueba esa segunda vez y gané la clase raspadita, solo porque hice mi mejor esfuerzo con las otras lecturas.

Mucho después intenté con la versión en audiolibro, lo descargué a mi kindle y me compré la edición crítica que sacó la RAE hace unos años. Nada. Cada vez llego a los mismos capítulos y me invade la misma tristeza, quizá necesite ser más sabia y paciente para disfrutar de las palabras de Cervantes, quizá uno de estos días deje de parecerme un gigante y se convierta en molino.

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