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Lucrecia en el país de las pesadillas

Se equivocan los que te miran a través de otro nombre, inmenso y tatuado con fuego en la brutal historia de este lado del espejo del país de las maravillas; en realidad, no te conocen, no te conocemos, sabemos poco pero basta para subirte a la cresta y hacernos saber que eres diferente, o por lo menos no eres parecida a nada de lo que normalmente aparece frente a nosotros en este juego ilógico que es la política guatemalteca.

Viste, leíste y estás escribiendo historia y dentro de ella la propia.  Tienes los tamaños suficientes, la formación necesaria, los años aún frescos de ganas e ímpetu, llegas, para alegría de muchos de nosotros, en un momento bravo, huérfano de ideas y lleno de poses para escena. Tu periplo no será fácil, dos días y ya se te nota en los ojos, apenas rascaste la superficie y te empiezas a dar cuenta de que todo aquello que inferías es pequeño, muy pequeño, y te duele más de lo que pudiste imaginar.

Ya dijiste cuatro cosas, claras, concretas, y por eso es que algunos nos alegramos de que estés donde aceptaste estar.  Hasta podríamos estar del otro lado del espejo si los demás, ahora, antes y los que vengan después, donde estás y en todos los demás lugares, dijeran cuatro cosas claras también: mientras tanto te tocará torcer la lógica que deja madres cosificadas muriendo para que las vidas dentro de ellas tengan una oportunidad, enfermos que entran y salen enfermos, hambrientos de oxígeno que muerden el aire, niños, muchos, con lombrices, desnutridos, sin vida en los ojos, con cuerpos que se nos quedarán en la memoria para siempre.

Lucrecia, te tocó el país de las pesadillas, haz lo que tengas que hacer, sin miedo, y que te arropen los sueños de otra Guatemala, los cercanos, los compañeros a tu lado, los que nos alegramos por ti y el país: ojalá que el grotesco “Rey” de corazones no te utilice y se sirva de tu amor por los vergonzosamente olvidados.  Recuerda que mientras los que te refutan se ensañen como siempre lo hacen, cuando una sola persona no pueda resolver todo lo que sus adalides han devastado por siglos de manera racista, clasista y excluyente: existirá gente sencilla viviendo mejor y tu esfuerzo habrá valido la pena.

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