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La ríspida batalla en el Congreso

El Congreso de la República se ha convertido en un campo de batalla. Pero esta vez no se trata de una lucha entre políticos. Es un pleito con un grupo de trabajadores sindicalizados que abusan de su posición y de los privilegios que esta les otorga.

No vamos a satanizar el movimiento sindical, pero debe decirse que muchos dirigentes guatemaltecos se han encargado de desprestigiarlo. El sindicalismo es una buena forma de defender los derechos de los trabajadores, pero de eso al abuso hay un largo trecho.

Mario Taracena Díaz-Sol,  presidente del Organismo Legislativo, es quizá el único político que se ha atrevido a retarlos y enfrentarlos en lo que ahora se ha convertido en una batalla campal, pues los sindicalistas de ese órgano también buscan cómo cobrárselas.

En el pasado reciente, diputados como Emilene Mazariegos, representante de Huehuetenango por el Partido Patriota, demostraron cómo su agrupación, en el gobierno, se alió con sindicalistas corruptos para aprovecharse del Estado y sus recursos.

Pero llegado Taracena al poder en el Congreso, comenzó a salir a luz la corruptela. Él tampoco podrá ser un santo, pero de que su actuar en la presidencia del Legislativo ha sido acertada y hasta de alguna manera bien vista por la opinión pública, eso es cierto. De no ser por su administración, nadie sabría a la fecha cuán elevados son los salarios de muchos trabajadores del Legislativo, gracias al Pacto Colectivo de Condiciones de Trabajo.

En los últimos días, las patadas de ahogado de estos grupos en el Congreso no se han hecho esperar. Han tratado de recurrir al desprestigio, pero la estrategia no les ha funcionado. Taracena siempre les saca un paso por delante.

El último intento sindical ha sido la de tomarla contra Gerson Sotomayor, un asesor de la dirección general del Congreso, a quien los sindicalistas acusan de ganar Q22 mil, con un contrato que firma como bachiller en Ciencias y Letras.  Al final, Sotomayor ha demostrado que es graduado como licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, mas no ha impreso su título. Muchos de los críticos seguramente también son bachilleres, lo cual no denigra a nadie, o quizás algunos ni eso, pero como ya se hecho público, en el Congreso ganan cifras mucho más altas que la que percibe Sotomayor.

Con ese tipo de críticas, los sindicalistas seguro no ganarán la batalla. Si de verdad quieren recuperar la confianza en su movimiento, debieran mejor aceptar la renegociación del pacto colectivo, reducirse los salarios y, por supuesto, quedar con emolumentos dignos, pero no exorbitantes.

Mientras, si mantienen la línea de su estrategia de ataque, solo están abonando más para la causa de un presidente que, ante la pobreza de propuestas y candidaturas fuertes en el Legislativo, es muy probable que hasta se reelija.

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