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Dada, el pandemonio total

El dadaísmo surgió para bailar sobre la tumba de la burguesía.

Ángela Molina, El País.

Cuenta la leyenda que el poeta rumano Tristan Tzara escogió al azar la palabra Dada de un diccionario alemán-francés. “No quiero ni siquiera saber si antes de mí hubo otros hombres”, fue cabecera de una de las primeras publicaciones de este movimiento artístico que nació un frío día de febrero de 1916, en el Cabaret Voltaire de Zúrich. El dadaísmo había surgido para bailar sobre la tumba de la cultura burguesa, “una misa de réquiem de la clase más procaz”, advertía el pacifista y performer Hugo Ball.

Sus integrantes eran poetas y estudiantes de arquitectura y filosofía que no creían en la política en el sentido específico del término.

A principios de los años 20 el Dada se había extinguido oficialmente o había sido subsumido de diferentes maneras; primero en el Surrealismo francés y en la Neue Sachlichkeit (Nueva Objetividad) alemana; después, como la corriente antiartística, antiliteraria y antibelicista más longeva de la era moderna, el primer movimiento global y el que añadió un elemento al arte que hasta entonces no existía: el colectivo.

Han pasado cien años, las potentes Francia y Alemania siguen echando madera al vagón cerrado Dada.

Una exposición en el MoMA saca a la luz los dibujos, fotografías y documentos, la mayoría inéditos, que formaron el Dadaglobe, una antología impulsada por Tzara en 1920 y que no llegó a publicarse

Tzara había enviado cartas a los integrantes del movimiento a ambos lados del Atlántico solicitando colaboraciones (cualquier cosa podía ser una obra de arte) con el propósito de editar una monografía de 180 páginas con una tirada de 10 mil ejemplares: “Enseñemos el nuevo arte en un circo al aire libre. Cada página debe ser una explosión”, pedía el poeta en sus cartas de invitación.

Dadaglobe Reconstructed muestra el dadaísmo como el fenómeno cultural más disruptivo, viral e influyente del siglo XX. Un pandemonio total. 

Para los dadaístas, lo importante era el procedimiento, la arbitrariedad, el uso de materiales inmundos y toscos. Una de las técnicas que mejor lo describe es el fotomontaje, cuya invención se atribuye a Raoul Hausmann, aunque John Hartfield ya se había anticipado cuando, en 1914, queriendo burlar la censura en el frente de guerra, enviaba extrañas postales compuestas de recortes de periódicos y revistas. También los Merz de Kurt Schwitters son todavía hoy un prototipo para exposiciones en galerías y museos en las que la obra se integra en un entorno total.

Prácticamente todas las corrientes artísticas de la segunda mitad del siglo XX son deudoras del mouvement dada: Fluxus en Nueva York, Gutaï en Japón, losNouveaux Réalistes en París, las composiciones de John Cage, las enseñanzas de Beuys, los assemblages de Rauschenberg, el Pop Art de Jaspers Johns y Andy Warhol, etcétera.

En música, su hermano gemelo, el jazz, impactó por primera vez durante la Gran Guerra para después hacer rugir los años 20. En cierta ocasión, David Bowie exclamó con relación al impacto dadaísta: “Todo es basura y la basura es maravillosa”. Pero nadie como John Lennon y su canción God para simbolizar esa particular revuelta de los no creyentes contra los descreídos: “No creo en la magia, no creo en reyes, ni en Kennedy, ni en Jesús, ni en Buda ni en Elvis. No creo en los Beatles. Solo creo en mí. En Yoko y en mí”. Fin del sueño.

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