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Para entender Guatemala

 

Las sociedades de cuando en cuando entran en profundas crisis, y es el momento en el cual la mente, la imaginación y la sensibilidad humanas penetran a fondo en su condición de sí mismas, para encontrar respuestas que las salven del vacío.

Guatemala no escapa de esta realidad, y hoy intentamos darnos respuestas a múltiples preguntas. Hurgamos y platicamos con amigos para pensar colectivamente. Los desacuerdos abundan, porque esta controversia dialéctica es lo que ilumina una mejor comprensión de la realidad. Verdades absolutas  no existen, y en medio de esa relatividad, a veces descubrimos pequeñas brechas que procuran ilustrar un mejor conocimiento de la cotidianidad vivida.

Resulta conveniente no olvidar la fuente de pensadores, historiadores y literatos, que tienen  una manera de ver el mundo  y aportan su saber para entender Guatemala. Si de verdad queremos penetrar al fondo de nuestra propia historia a fin de saber hacia dónde caminar, es a través de  la lectura de los creadores.

¿Cómo olvidar leer el Popol Vuh, entender el Rabinal Achí, o hacer caso omiso de Bernal Díaz del Castillo, Rafael Landívar y Francisco Marroquín? Dos corrientes que desde la colonia han forjado maneras diferentes de sentir este territorio y su gente. Nombres como José Liendo y Goicoechea, quien llevó a cabo la reforma académica más profunda de la Universidad, debe estar presente, o bien Felipe Flores, que figuró a la vanguardia de la ciencia médica.

Habrá que tomar en cuenta a Pedro Molina y Cecilio del Valle, filósofos que interpretaron el pensamiento inglés y francés. Con estas ideas entendieron el fenómeno histórico de la independencia patria. O bien a un Alejandro Marure, el gran historiador, que junto a Mariano Gálvez contribuyen a dar un  paso en la comprensión de esta  compleja historia. No podemos olvidar a Lorenzo Montúfar, liberal, profuso escritor, polémico, quien nos adentra en el conocimiento de la vida nacional y el aporte significativo de Ramón A. Salazar, con La historia del desenvolvimiento intelectual de Guatemala. Cada una de estas ideas  no se agotan y están presentes para profundizar en la explicación de lo que es nuestro país.

El siglo XX es un remolino de arte, literatura, poesía, pensamiento. Carlos Mérida, Galeotti Torres, Maco Quiroa, Elmar Rojas, Roberto Cabrera. Poetas como Alberto Vásquez, César Brañas, Roberto Obregón, Otto René Castillo, Alaíde Foppa y músicos como Germán Alcántara, hermanos Betancourt, José Ernesto Monzón, Jorge Sarmientos, nos lanzan, con la dulzura de la palabra, la plástica y la melodía, a sentir Guatemala.

Y qué decir de escritores e intelectuales como Rafael Arévalo Martínez, Enrique Gómez Carrillo, Miguel Ángel Asturias, Luis Cardoza y Aragón, Flavio Herrera, David Vela,  Virgilio Rodríguez Macal, Juan José Arévalo, José Rölz Bennet, Díaz Rossoto, Muñoz Meany, Mario Monteforte Toledo, Augusto Monterroso, Manuel José Arce, Mario Payeras, Luis de Lion, Severo Martínez, González Orellana, Carlos Guzmán Böckler.

El acercamiento acucioso a la  obra de cada uno de ellos, como de tantos que se escaparon por falta de espacio, es lo que nos permite entender Guatemala, porque la lectura del análisis de coyuntura es insuficiente para comprender una sociedad tan compleja como la nuestra.

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