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La semana pasada, Byron Garoz me invitó a dialogar en el programa Teoría y Praxis en la Radio Urbana, radicalmente democrática, que se transmite por Internet. Una modesta instalación con un propósito grande, de gente muy diversa, progresista, democrática y crítica de Guatemala. La conversación giró alrededor de la coyuntura nacional, en la perspectiva de lo que la academia ha llamado el Estado fallido. Esta conversación me ayudó a articular mis pensamientos alrededor del momento nacional que vivimos, que todos percibimos y sufrimos con ciertas diferencias, enfocado en mi percepción del Estado.

Moralmente, quedé en deuda para responder si hay perspectivas de mejoría para el país. Pues, ¿de qué manera podría lograrse esa mejoría? Si las políticas de la gobernabilidad global se profundizan con la misma velocidad en la que se da la superacumulación capitalista. Como país, en ese concierto global, somos cifras insignificantes en población, en producción, en capacidad cohesionada para responder a su propia demanda y con un territorio sumamente estratégico como traspatio de la mayor potencia económica y el puente comercial más flaco, en una guerra multidimensional y altamente tecnológica.

Entonces, el Estado que tenemos, según lo veo, debe ser efectivo para las élites que se han insertado periféricamente en uno de los poderes centrales de cualquiera de los polos económicos, y eso es lo que califica la eficacia y la eficiencia de este Estado. Mientras que, para que el Estado de Guatemala se preocupe verdaderamente por sus pueblos, invierta en su desarrollo, equilibre las grandes diferencias sociales, incremente la cobertura en salud, reforme la educación con alta calidad, adecuada a las diversas características socioculturales del país, se amplíen los sistemas de justicia y seguridad ciudadana, haría falta una revolución democrática, que modifique el modelo productivo. Para hacer viable esa revolución, habría que romper muchos de los hilos de la dependencia política y económica que prevalecen sobre nuestro Estado.

Revertir el Estado fallido es tener capacidad de desarrollo con independencia, soberanía y autodeterminación. Revertir el proceso de dependencia política y económica, y de las consecuencias del involucramiento en la Guerra Fría, en la globalización neoliberal, la desarticulación del Estado, el aperturismo económico, la corporatización de la política y la nueva regionalización del poder transnacional. Debemos tener conciencia de que estas son las causas de la profunda crisis nacional, de la corrupción y de la falta de diálogo para resolver nuestros problemas y superar la ausencia de actores con representatividad para ese diálogo.

La transformación del actual, a un Estado efectivo, depende de poder romper la democracia tutelada a cambio de una democracia radical. De otra manera, aunque se nombren personas con ética y capacidad en las instituciones, las reformas del modelo político administrativo podrían ser arroz en leche.

La transformación del actual, a un Estado efectivo, depende de poder romper la democracia tutelada a cambio de una democracia radical.

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