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2666 de Roberto Bolaño en 12 horas

La obra cumbre del escritor chileno es la maratón del 70º Festival de Avilón. El joven director francés Julien Gosselin adaptó al teatro 2666, el libro laberinto del chileno Roberto Bolaño, en 12 horas de espectáculo divididas por cuatro entreactos.

Publicada en 2004, tras la muerte de Bolaño a los 50 años, 2666 es un macrocosmos que en 1,125 páginas y cinco novelas distintas reúne cientos de historias individuales diferentes, desde Europa hasta México, y se pierde en digresiones en la historia del siglo XX a través de la vida de un escritor misterioso, Archimboldi.

Las cinco partes pueden leerse independientemente, pero las une un tenue hilo conductor: todo converge hacia una especie de ojo del huracán, una ciudad de México donde cientos de mujeres son asesinadas y halladas muertas en el desierto, muchas veces tras haber sido mutiladas y violadas.

La ciudad se llama Santa Teresa, en el libro, doble de Ciudad Juárez, donde cientos de mujeres y niñas han sido realmente asesinadas desde 1993.

El libro es arduo, repleto de reflexiones filosóficas, de enumeraciones –listas por ejemplo de escritores alemanes o de algas– y el lector se pierde a veces entre los numerosos personajes que inventa. La cuarta parte, que relata detalladamente los asesinatos, es dura, al límite de lo soportable.

“No estoy aquí para simplificar la obra, ni para hacerla más digesta; quiero revivir su complejo viaje literario”, dice Julien Gosselin.

La obra que se estrena este viernes en Aviñón en la sala La Fábrica sumerge al espectador en un magma de imágenes, música y sonidos.

La imagen está omnipresente. A veces, la escena permanece vacía y el espectador sigue la acción como en el cine, solamente en la pantalla.

Hay imágenes muy bellas en blanco y negro, que dan un toque fantástico a la segunda parte, en torno al personaje del profesor Amalfitano, que raya en la locura.

La obra incluye otros hallazgos, como la descabellada conferencia en inglés de un predicador, exfundador de los Black Panthers y autor de un libro sobre las costillas de carne. “Ribs are not the solution”, proclama, ante la risa de los espectadores.

La obra, presentada en preestreno el mes pasado en Valenciennes (norte de Francia), necesitaba ser pulida en los últimos ensayos. La declamación de los actores era un poco demasiado acentuada, faltaban matices y el espectador quedaba a menudo sumergido en la trama literaria.

El director explicó que le habían conmovido dos detalles: “la cuestión de la literatura y de la violencia”.

“Puede que en el público haya una forma de frustración vinculada al hecho de que esperan una reunión de las distintas historias, un cruce, cuando en realidad la última parte no es nada de eso. Es un gran cuento histórico sobre el siglo XX”, comentó el director. La obra sigue siendo un enigma, agregó, “porque ni Bolaño ni la violencia tienen un fin”.

“Podríamos hallar un serial killer que les venga bien a todos, que daría respuestas a la trama y pondría fin al suspenso, pero eso no puede suceder, porque lo que crea la muerte es la cuestión de la violencia en sí, la cuestión de la corrupción del Estado mexicano, va mucho más allá de un hombre capaz de dar rostro al crimen”.

En cuanto a la literatura, “es una forma de combate contra la violencia del mundo, en una lucha sin fin”, algo que se expresa en 2666, obra imperfecta y torrencial, que según el propio autor aspira a “abrirse camino hacia lo desconocido”.

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