Home > Columnas > Lima con trágico final 

Qué muerte tan violenta le han dado a Byron Lima, y aunque él no era una mansa paloma como lo han querido presentar algunas personas, ningún humano guardando prisión merece ser asesinado de esa forma, porque aunque la ley los califique como delincuentes, definitivamente no son animales y merecen respeto a su dignidad humana.

Muchas personas que lo conocían como aquel que convirtió la cárcel en su mejor negocio, por la captura que poseía del Sistema Penitenciario del cual era el amo y señor, sus múltiples privilegios en prisión, probablemente podrían alegrarse de su muerte. Otros a quienes favorecía con ganancias por la venta de mejores espacios en la cárcel o con traslados comercializados, deben sentirse tristes porque pierden esa fuente de ingresos.

Como diablo para algunos o ángel para otros, lo cierto es que el Sistema Penitenciario tenía el compromiso de resguardar su seguridad. La prisión no es un lugar de castigo, sino de rehabilitación, y por ello el Estado debe contemplar mecanismos para garantizar la integridad física de todas las personas privadas de libertad.

Sin embargo, motines como el de la Granja Modelo de Rehabilitación Pavón se repiten a menudo en el sistema carcelario guatemalteco, sin que el gobierno tenga la capacidad de poner fin a este tipo de incidentes, porque terriblemente algunos viven y cobran por mantener el caos que impera en el mismo, por lo que es fácil la reproducción de nuevos estallidos.

Byron Lima fue uno que cobró por mantener ese caos, pero al ser protegido por poderosos nunca fue condenado por esos hechos, y finalmente fue víctima de su propia trampa. Los sucesos tan violentos del 18 de julio seguramente fueron muy bien organizados por alguien fuerte para darle un trágico final, tal vez porque Lima nunca intuyó la importancia de que la palabra es plata y el silencio es oro.

Ojalá que la muerte del exjefe de la cárcel no provoque más violencia de la que estamos acostumbrados, porque, lastimosamente, ese crimen ha polarizado más nuestra sociedad. Ojalá los seguidores de este personaje esperen por los resultados de las pesquisas que sobre los hechos realice la Cicig y que no sean incitadores de una nueva época del ojo por ojo y diente por diente y acontezca la victimización de muchos inocentes. Más violencia significaría un retroceso para nuestro país, porque de nuevo podríamos estar a punto de ser un Estado fallido.

La prisión no es un lugar de castigo, sino de rehabilitación, y por ello el Estado debe contemplar mecanismos para garantizar la integridad física de todas los privados de libertad.

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