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Exclusión de lo partidario

En Guatemala pareciera existir prohibición para estar afiliado a algún partido político y a la vez desempeñar un cargo público o privado. El entredicho es tal que en muchas ocasiones se solicita como condición no pertenecer a ningún partido político. O bien, nadie, con dos dedos de frente, se atreve a incursionar en la política sin el riesgo de que lo echen del trabajo. Otras veces no haber pertenecido nunca a un partido político se propone como evidencia de honorabilidad o de solvencia moral y ética.

Esto se debe a que existe una imagen muy negativa de los partidos políticos y de los políticos. No se trata de la opción a presentarse a un cargo de elección  Nos referimos a la posibilidad de hacer carrera política o tener militancia activa en un partido. Eso pareciera estar destinado a personas sin un trabajo fijo o que ya tienen carrera y que en diversas formas ha hecho de la actividad partidaria su modus vivendi. En general, el ciudadano rechaza la idea de estar en política.

Hace unos 40 años tener militancia partidaria era común.  No se ocultaba la pertenencia a un partido. Por supuesto, los partidos eran cosa muy diferente a lo que son ahora. Tenían estructuras participativas, democráticas, con incidencia en las decisiones. Había, por ejemplo, un bloque de la juventud, una rama profesional, un consejo político, una organización de mujeres o de profesionales, o una rama campesina y obrera. Los representantes de esos sectores tenían voz en los partidos. En las asambleas se escuchaban vigorosos discursos acerca de la realidad nacional y los problemas y necesidades partidarias. La mayoría de las veces se respetaban las opiniones divergentes. La militancia se ejercía por convicción y los partidos se esforzaban en la formación de cuadros.

Eso ha cambiado, pero en marcado retroceso y en detrimento del Estado y la democracia. Pese a que nuestras condiciones políticas han avanzado en más libertad de expresión y participación, muchos partidos tienen dueño o caciques. No existe organización a lo interno de los partidos. Todo es simulado. Los órganos internos son decorativos. Sin poder de decisión. Las candidaturas se eligen a dedo. Otras veces son clanes familiares.

Al debilitamiento de los partidos han contribuido el transfuguismo y las listas cerradas de elecciones. A diferencia de Guatemala, en El Salvador las candidaturas nominales han tenido mucho éxito. El elector tiene dos opciones. Puede votar por planilla y por voto nominal. A futuro, conforme las personas aprendan los beneficios del voto directo en la democracia, se irán inclinando más por el voto uninominal. Si la persona tiene buena imagen y ha demostrado honradez y capacidad o si promete cosas buenas no importará el partido al cual pertenezca. La gente podrá elegir a su diputado o concejal, no solo votar por una lista.

Es solo un ejemplo. El caso es que si no hay una reforma que devuelva la credibilidad al sistema de partidos, la política se aislará y se volverá un club de amigos. Y perderemos todos.

Nadie, con dos dedos de frente, se atreve a incursionar en la política sin el riesgo de que lo echen del trabajo.

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