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En un reciente comentario se centraba el punto de lo que hemos visto en Guatemala en la lucha contra la corrupción: es un mal que se puede atacar con decisión y apego a la ley: se puede... si no se es pesimista. Esto último es un mal que no podemos dejar de luchar contra él.

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Porque este peligro del negativismo se está presentando en la moderna sociedad como una enfermedad crónica, fomentada en muchos medios de comunicación. Así lo señalaba Charles Leadbeater en Why the Global Pessimists are Wrong: que se nutren de nostalgia, desesperanza, catastrofismo.

En nuestro caso, frecuentemente el escepticismo o pesimismo se presenta como una afirmación genérica de aquí que todo está mal, nada es verdad, todo el mundo tiene un precio, lo que lleva a muchos a pensar que detrás de una buena persona o una buena acción hay algo oscuro. Sí admiten que hay cosas y personas buenas en la vida, pero que eso no es de “este país”… Visto así, parecen concluir que estando las cosas tan mal, ¿qué importancia tiene lo que uno haga en su trabajo, en su familia, en general?

Esto lo reflejan las noticias y comentarios diarios de los medios de comunicación, que con la difusión de violencia y con detalles innecesarios, influyen en el crecimiento de un pesimismo paralizante. Y como consecuencia de esa difusión de la violencia, frecuentemente detallista, morbosa –que no se dé la necesaria información- crece el pesimismo; se debilita a la sociedad y como resultado se facilita la violencia. Es problema de siempre en la historia, pero actualmente los medios de comunicación pueden contribuir más eficazmente.

Se manifiesta en comentarios diarios: “duele este país…; disculpen la rabia, la indignación y la nostalgia”. No se trata de esconder los problemas, pero su exposición morbosa e innecesaria en algunos medios hace daño; esa publicidad que le hacen es más perniciosa que la misma violencia o la corrupción: ocasiona una sociedad pesimista, sin fuerzas para reaccionar.

Es interesante el enfoque que grandes pensadores hacen del concepto de optimista. Como el escritor británico Chesterton, quien decía que el optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad; y Winston Churchill –el virtual ganador de II Guerra Mundial- quien afirmaba que el optimista tiene siempre un proyecto; el pesimista, una excusa.

Es peligro actual. Algún pensador se refería a la falta de esperanza y confianza en la vida que prevalece en la sociedad occidental moderna y la definía como un mal oscuro. Y calificaba el miedo, la falta de esperanza, como el mal de nuestro tiempo. Así lo percibía The New York Times en otro artículo clásico sobre el tema: Chance of Alarm. Demasiados periodistas y científicos, sostenía el artículo, están constantemente a la búsqueda y captura de una nueva catástrofe y originan artículos engañosos que invitan al miedo y al pesimismo.

Esta cultura de la queja invita a la pasividad ante la vida del país. Y es como un suicidio social. No lo permitamos.

Es problema de siempre en la historia, pero actualmente los medios de comunicación pueden contribuir más eficazmente.

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