Home > Columnas > La rebelión de las ideas

Es la constante en un medio social cada vez más confuso y nebuloso. La realidad no puede ser superada ni por la ficción mejor estructurada. Las realidades presentadas en el Mundo feliz y Mono y esencia de Huxley, o en la película Zardoz del inglés John Boorman, parecieran tener su vanguardista escenografía en el sistema penitenciario, como una muestra in vitro de la política y la sociedad guatemalteca. El mal reinando introyectado en la mente de los poderosos, pero también de los dominados, hasta que otros los destronan y establecen un caos que genera la esperanza. Al igual que en la tradición judeocristiana, los espectadores tampoco veremos en esas historias la tierra prometida y, como Moisés, nos quedaremos en lontananza viendo la posible reivindicación del ser con su esencia divina, en la promesa de un mundo mejor.

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De verdad, las ideas se rebelan de la abstracción literaria, poética o filosófica. Se desvían o se derivan hacia la concreta/abstracta realidad y sus interpretaciones con tal brutalidad, que parecen discursos de violencia, apologías de la destrucción. La realidad y su aplastante gravedad se comportan como un agujero negro, arrastrando el pensamiento a las escenas de crimen, que florecen como la flor de muerto en octubre. Los quince o treinta asesinatos diarios. Las 31 denuncias de violaciones de niños y niñas al día. Los 200 funcionarios que asaltaron el Estado robándole a mansalva, los 400 abogados que interceptan el debido proceso para que no haya justicia. Los tres mil mareros capturados en un semestre. Los 100 sicarios que extorsionan desde la cárcel al chiclero, al transportista y a la vecina. Los cinco empresarios que escondían mil millones de quetzales del fisco. Los narcotraficantes extraditados. Los militares procesados por casos de lesa humanidad que desnudan la crueldad aplicada y aprendida socialmente para hacer del nuestro, uno de los países más violentos del mundo.

De esa realidad y de la sangre derramada se nutre nuestra poesía. De las lágrimas y el dolor que provoca un sistema basado en la destrucción de lo humano. Se nutre en lo que se escribe, tanto para decirlo y relatarlo como para evadirlo y sublimarlo. De ahí, de esa realidad, se construye la literatura. Desde ahí se reproduce el pensamiento y la conducta social. La psicología del guatemalteco que no se rebela. La filosofía que no se deconstruye, porque carece de la conciencia de su propia tragedia.

Me niego a pensar que lo que vivimos es caos o anarquía. Caos es un orden en construcción. Anarquismo es la direccionalidad de una fuerza en contra del poder desigual. En nuestro país, el sistema impuesto por la mano invisible es el desorden, la improvisación y la novelería. Es el statu quo. Es la frustración reforzada. Es la forma más fácil de debilitarnos, de hacernos presas de la voracidad del mercado, del consumismo y la servidumbre. La rebelión de las ideas es el inicio del camino. Subversión le dicen. Anímese a pensar diferente.

En nuestro país, el sistema impuesto por la mano invisible es el desorden, la improvisación y la novelería.

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