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De fragilidad y vulnerabilidad es la sensación que nos queda al común de los guatemaltecos como certeza ante lo sucedido en la Granja Penal Pavón, y eso da miedo, aterroriza.

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Es fácil creer que los hechos se debieron a una lucha de poder y control de los negocios que se manejan desde esa cárcel. Esto dejaría en ridículo al Sistema Penitenciario y daría crédito a las dramáticas historias sobre los abusos, violencia, pagos por ubicación física, etcétera, dejando claro que han entregado el control de los centros de reclusión a los más peligrosos y violentos de nuestra sociedad.

Aceptar la versión de que el gobierno utilizaría la muerte de Lima para sus fines nos pondría nuevamente frente a delincuentes gobernando. El profesionalismo y compromiso con la ley de la Comisión contra la Impunidad en Guatemala y el Ministerio Público hacen que esto parezca improbable.

Apuntar hacia los implicados en los diferentes casos que tomaron el gobierno como botín, asumiendo que establecieron para sus fines estructuras y redes propias de mafias criminales, de las cuales solo están siendo procesados los cabecillas, deja a la interpretación cuál era la profundidad y alcance de las mismas, el poder que tenían y los intereses con que están comprometidos. Por lo tanto, mandar un mensaje del poder que dicha mafia ostenta es algo verosímil.

Por último, el Estado ha sido cooptado desde siempre por grupos ultraconservadores que han utilizado al ejército para ejercer el control del país y su economía. Esto evolucionó a conducción política de espacios y territorios; de gendarmes pasaron a competidores por el poder. Estos grupos aprendieron a tolerarse y negociar intereses en pos de cerrar filas para no perder el control de la vida y hacienda de los guatemaltecos. Hoy son aliados tácticos y están de acuerdo en no entregar el país en un falso sentido patriótico.

Más allá de las hipótesis, lo grave son las condiciones que permiten este tipo de hechos; no importa cuál sea el móvil y los autores intelectuales, lo sucedido nos dice que los guatemaltecos vivimos en una total indefensión frente a quienes quieran resolver con violencia sus disputas criminales, vendettas o el control del país.

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