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La juventud que reinterpreta el tango

Una historia de amor y de vida a través del tango. Así se podría resumir la relación por la que discurren Jonathan y Clarisa, una joven pareja de argentinos que en 2015 se erigieron campeones en pista del Mundial de Tango en Buenos Aires.

Con la ilusión de un principiante y la experiencia de quien lleva toda la vida sobre los escenarios, Jonathan y Clarisa se mantienen entre ensayo y ensayo. En solo cuatro días tienen cinco actuaciones y todo tiene que estar perfecto. Tenían 17 años cuando sus miradas se encontraron en la milonga y bailaron su primer tango. Ahí fueron conscientes de que lo que querían era bailar juntos. Luego, entre ensayos y funciones, nació el amor, ambos cayeron vencidos por la pasión, aunque los dos insisten en que la primera intención siempre fue bailar.

Cuando están sobre el escenario en su mente solo hay una intención: transmitir todo lo que les hace vibrar el tango cuando bailan. Es ahí donde sus piernas se entrecruzan sinuosamente entre giros y saltos. Jonathan acompaña la cintura de su pareja indicándole el camino a seguir con una mano firme y tersa. Las miradas juegan, como los pies, que buscan y se esquivan poniendo distancia donde no la hay.

Se mueven como si fueran uno solo y atrás dejan el estereotipo que ronda el imaginario colectivo con la letanía de que “el tango es solo para viejos”. Son la imagen fehaciente de una juventud tanguera: “Cuando éramos unos niños íbamos más a la milonga que al boliche; era como nuestra disco”, sentencia Clarisa.

Tras erigirse campeones del mundo parece que no hay un sueño mayor, pero ellos lo tienen y es “seguir creciendo como si no tuviéramos nada y el día de mañana”.

“Queremos que la gente se olvide de que somos campeones mundiales”, afirma Jonathan. “Nunca se termina de aprender”, continúa Clarisa.

Atrás quedan los días en los que ponían la gorra en la calle para lograr algo de dinero para sus clases bajo un frío intenso que atravesaba los huesos. Ahora, juntos viven todos los devenires de la vida: se desean, odian, sufren, lloran. Jonathan y Clarisa mantienen una vida para el tango, porque para ellos es, en tres palabras, su “forma de vida”.

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