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Semáforos en rojo y terrorismo fiscal

Somos el país de la coima, el puesto y el conecte. Lugar de fósiles parlanchines en un páramo decadente. Si no robás sos tonto, y si lo hacés y no salpicás, egoísta. Aquí, si no mandás, tus ideas mueren pronto y hasta te pueden acusar de trasnochado comunista. La sencilla razón y la honradez son lastre para ser exitoso. La ley del más “astuto” y fuerte, la impunidad y la corrupción se han vuelto parte de nuestra cultura.

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Cada centavo con el que han sumado millones estos “dignos” y pulcros empresarios, amasados a fuerza de “viveza”, evasión y defraudación ejecutada “gangsterilmente”; se los negaron a hospitales y escuelas, a campesinos e indígenas, a mujeres y niños, a los excluidos; en suma: a la Guatemala profunda y empobrecida. Ustedes son igual de repudiables que quienes desde el sector público se enriquecen ilícitamente.

Mientras tanto, los partidos políticos, materia prima con que se nutren los gobiernos, siguen dando muestras de tener la fórmula para conservar en sus filas como representantes electos a personajes realmente nefastos: con justificaciones ofensivas aceptan lo hecho y parecen reírse en nuestra cara diciéndonos “aquí así es y así ha sido, por qué me juzgan a mí si todos hemos hecho lo mismo”.

Nuestros niveles de tolerancia e indolencia están cambiando. Ya no son irresponsablemente desmesurados. El contraste entre gente literalmente muriéndose de hambre y la desfachatez o el cinismo de algunos políticos eleva nuestra realidad a dimensiones dramáticas y dejan la mesa servida para enfrentarlos. No señalar la arrogancia, desprecio y desapego de los políticos mientras el país se desbarata, sería insensible complicidad.

No es terrorismo fiscal, señor Linares; no es persecución, señor Rabbé; no es una novela, señores defensores de los imputados por los casos La Cooperacha, La Línea y Cooptación del Estado; es un país con la esperanza puesta en dejar de ver esto como un culebrón, ya sin miedo ni razones para alcahuetear ladrones. En algo empezamos a estar todos de acuerdo, sean de izquierda o derecha, de nuestro partido o no, hay que apoyar a los Foppa, los Aldana y los Velásquez; queremos lo mismo: una Guatemala honrada, digna y en paz.

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