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Se revierten viejas prácticas

En redes sociales se habla ya de intenciones de desmoronar la economía nacional, al conocerse las acciones de la SAT y el MP en contra de personeros de un conocido hotel de cinco estrellas y de otras empresas. Interesados empiezan a forzar el aparecimiento del fantasma de la conspiración en el funcionamiento de las instituciones. Que no resulte extraño, incluso, que resurjan discursos de la Guerra Fría inventando comunismos y guerrillas.

Es de suponer que entre ejecutivos y dueños de empresas ha causado estupor ver engrilletados, conducidos y encausados a empresarios de importantes firmas, además del ambiente creado, en el que el principio de inocencia ha desaparecido en la opinión pública, surgiendo de inmediato la condena sin siquiera iniciar el juicio. Independientemente de lo traumático de la situación para algunos, la institucionalidad del Estado está operando y está adquiriendo capacidad de hacer efectivas sus funciones básicas. A lo largo de la historia guatemalteca esto ha sucedido solo en contra de los sectores populares.

Son señales de cambio en el sistema de justicia. Se están revirtiendo viejas prácticas que han generado graves injusticias hacia la mayoría y abundantes beneficios a grupos de capital, partidos políticos y sus socios civiles y militares enquistados en el aparato del Estado. Se está imponiendo el mismo orden violado impunemente por quienes lo han invocado a su conveniencia, aunque hoy lo denuncian como medio de una infame persecución; sin embargo, las cosas son claras. Hay indicios de responsabilidad en hechos delictivos de los políticos, empresarios y profesionales detenidos actualmente en forma preventiva, quienes tienen la oportunidad de defenderse y demostrar inocencia en los tribunales.

La historia de capturas y encausamientos había sido otra, dolorosa principalmente para los sectores populares y en especial, de luchadores sociales, defensores de derechos humanos, sean sindicalistas, campesinos, estudiantes, religiosos y de otros movimientos sociales. Recordemos las acusaciones inventadas de sedición, subversión, terrorismo y otras que han servido para justificar la persecución penal y la represión del Estado, originando presos políticos, asesinatos discrecionales, desaparición forzada, tortura, masacres y tierra arrasada. Esto no ha terminado. Se repiten amenazas y asesinatos selectivos, sigue la manipulación de procesos administrativos y judiciales, se presiona o coopta a fiscales y jueces, se retuercen leyes para encarcelar a dirigentes y buscar la derrota de las luchas populares.

Todo es susceptible de ser investigado, sostiene el comisionado Velásquez, quien reconoce que la sociedad vigilante puede desempeñar un papel importante. Esto no es solo en la rendición de cuentas, en la toma de ciertas decisiones, sino en el funcionamiento de las instituciones y en la profundización de la democracia. Hay oportunidad de cambios más profundos. Las fuerzas progresistas tienen mucho por hacer.

Hay oportunidad de cambios más profundos. Las fuerzas progresistas tienen mucho por hacer.

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