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La seguridad es una tarea de todos

Por años, los guatemaltecos hemos estado a merced de las mafias. No solo las que están integradas por delincuentes comunes. A ellas, con el tiempo, se han sumado otras, como las del narcotráfico y hasta las de los políticos. Pero la evolución social nos ha llevado al surgimiento de otros grupos que, como las pandillas juveniles, también han cobrado fuerza y sus operaciones se han extendido por todo el territorio nacional.

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Lo que empezó en los barrios marginales de la capital, con jóvenes que se comenzaron a organizar, originalmente como grupos de amigos representativos de un sector y luego liderados por otros que fueron deportados desde los Estados Unidos, ahora se ha diseminado hasta los más recónditos lugares del país como grupos que operan en la práctica de  ilícitos.

La mejor muestra de lo anteriormente expuesto es el operativo efectuado ayer por el Ministerio Público (MP) y la Policía Nacional Civil (PNC), bautizado como “Rescatando Guatemala”. Un centenar y medio de allanamientos, en 12 distintos departamentos del país, llevaron a la captura de 109 jóvenes vinculados con pandillas. Entre ellos se registra la caída del líder de una clica que operaba en Chimaltenango, conocido como Sparkin.

Los detenidos ayer son acusados de dedicarse principalmente a la extorsión. Son grupos que amedrentan a empresarios, transportistas y hasta a pequeños comerciantes, incluidos tenderos, para exigirles cantidades de dinero, según calculan sus capacidades.

Este año se han efectuado tres grandes operativos: Rescate del Sur, Operación Mesoamérica y ahora Rescatando Guatemala. Este último, por las dimensiones de su cobertura y el monto de sus capturas, puede considerarse el más grande y efectivo, de momento.

Y es que la extorsión se ha convertido en una actividad ilícita fácil de practicar, por un lado gracias a la pasividad de la población, pero por otro a la escasa capacidad preventiva de las fuerzas encargadas de la seguridad ciudadana.

Lo positivo en todo caso es que las autoridades han comenzado a recuperar fuerza y a retomar el control del territorio y de la situación.

Confiemos en que, de seguir así, pronto podremos hablar de menos delincuentes en las calles, hasta llegar al punto de poder volver a los tiempos en que se podía caminar en cualquier sitio del país, sereno y tranquilo, sin el temor de desconfiar de cualquiera que pase cerca de nosotros y sin miedo alguno a ser víctima de un acto delincuencial.

La denuncia es un buen paso que todos podemos dar como apoyo a estas autoridades que muestran buena fe y trabajo efectivo. Debemos ir perdiendo el temor a represalias y mostrarnos más firmes ante la delincuencia, si en realidad queremos salir del atolladero. No podemos olvidar que vivir en paz y seguros es una tarea de todos.

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