Home > Columnas > La foto del semestre

A menudo nos encontramos en medio de situaciones que nos hacen detenernos para analizar el rumbo que deberían tener nuestras decisiones. En Guatemala, pareciera que nos hallamos en un momento así. La política, la economía, la seguridad ciudadana y la seguridad social, las relaciones con la comunidad internacional y la justicia se ven, en una foto, como en el instante posterior a una deflagración. Después de 15 meses de la catástrofe de las estructuras paralelas nacidas y encubiertas durante la guerra contrainsurgente, el panorama sigue siendo muy parecido. En la instantánea se pueden observar los destrozos ocasionados en medio del humo que se levanta y el polvo que aún se precipita al suelo, escombros de diverso origen revueltos en desorden enmarcando escenas de desolación.

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Hoy día, pareciera que no hay gobierno, porque el presidente se encuentra en una dimensión desconocida. Instruyéndose en un fabulario que le permita seguir evadiendo su responsabilidad como líder del Ejecutivo. Jimmy Morales se mantiene en el poder, gracias a que a nadie le interesa jugar ese papel en estas condiciones. El presidente, como institución no tiene un peso específico en las decisiones de Estado. A seis meses del cambio de autoridades, la administración sigue flotando en el aire y el único cohesionador de la sociedad es el conflicto jurídico en contra de las estructuras delincuenciales, a pesar del mismo presidente.

Los organismos de seguridad ciudadana y de justicia son los únicos que parecen moverse hacia la demanda social. Aun así, su actividad sujeta al ritmo de los procesos judiciales, la detracción y el litigio mediático de algunos distorsionan sus resultados con el objetivo de confundir para beneficiarse de la lentitud procesal propia del sistema de justicia, y trocar la imagen de los delincuentes a mansas palomas de campanario. En estos errores conceptuales se han ido con la finta los partidos de la izquierda, pretendiendo sembrar dudas con respecto a la validez del apoyo social a las luchas contra la corrupción y la impunidad, aduciendo que estas acciones penales sustituyen la lucha por las transformaciones del statu quo y parten de una estrategia yanqui en contra de gobiernos de izquierda en Suramérica. No hilaron fino en el Foro de Sao Paulo.

En medio de los escombros institucionales, la ciudadanía espera que se despeje el horizonte. Las organizaciones sociales se mantienen fragmentadas por protagonismos narcisistas o convenencieros de unos y otros. No se permiten la elaboración de estrategias comunes y unificadas para colocar los intereses amplios de la sociedad como el faro que oriente las políticas públicas. Hace falta afinar la puntería del movimiento social. El objetivo es afianzar las instituciones del Estado que impulsan los cambios, separados de la mafia contrainsurgente. Desarraigar los poderes fácticos del Estado y consolidar el espacio democrático para la lucha por la equidad, la justicia social y las reformas del sistema.

A seis meses del cambio de autoridades, la administración sigue flotando en el aire y el único cohesionador de la sociedad es el conflicto jurídico en contra de las estructuras delincuenciales, a pesar del mismo presidente.

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