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Se necesitan menos viajes y más acción

Las finanzas de un país como Guatemala nunca son de lo mejor como para estarlas gastando en viajes. Menos aún cuando estos no tienen productividad, al menos a la vista. Pero en este país la mayoría de funcionarios se la pasa de viaje, sin que en realidad se sepa qué beneficios tienen para los guatemaltecos sus travesías.

En tiempos de Álvaro Colom, por ejemplo, el entonces interventor de Ferrocarriles de Guatemala (Fegua) se la pasaba de viaje en viaje. Para qué, quién sabe, pues de todos es sabido que nuestro ferrocarril no ha funcionado en años y que si lo hacía era bajo la administración de una empresa privada.

Nuestro actual presidente, casi que desde que asumió el cargo, no ha hecho sino viajar. Mientras el país se desmorona, él visita otros lugares y a otros presidentes.

Y los congresistas no se quedan atrás. Solo en actividades que ya se han celebrado en el exterior y otras que ya se tienen planeadas, los viajes de los diputados nos cuestan poco más de Q600 mil. Para algunos son viajes que no sirven absolutamente para nada. Otros, en cambio, creen que son necesarios para que el país tenga presencia internacional.

Los guatemaltecos de a pie creemos que lo debe hacerse es optimizar nuestros recursos como nación. Se deben usar los dineros del pueblo en las necesidades prioritarias para el pueblo. Y el pueblo urge de seguridad, de educación y de salud. Y si del Congreso se trata, el pueblo urge de leyes modernas y eficientes.

Pero nada de eso se ve. Y quizá es que, como dicen los abuelitos, los congresistas quieren por mal. El año pasado, cuando se vieron acorralados por las masivas manifestaciones públicas, los diputados redujeron ostensiblemente sus viajes. Tanto que los reportes legislativos indican que solo se erogaron Q27 mil en pago de viáticos.

Hoy, cuando la presión en su contra se ha relajado, las aguas están volviendo a su nivel y las cifras por concepto de viáticos ya sobrepasan el medio millón de quetzales, que bien podría servir para comprar medicinas urgentes para los hospitales nacionales.

Mario Taracena defiende los viajes que cree son necesarios y asegura que autoriza solo los importantes. Pero sus presuntas buenas intenciones se caen cuando lo que se ve es que entre los viajeros, incluso, se leen los nombres de diputados que son señalados de corruptos y contra quienes pesan procesos para retirarles la inmunidad por abusos en el gasto del erario, principalmente en la apertura de plazas fantasmas.

Si los diputados quieren recuperar la confianza y la credibilidad del pueblo, mejor debieran trabajar en lo que les corresponde, emitiendo leyes importantes para el desarrollo y la convivencia social, en lugar de estar gozando de viajes en los que nadie sabe al final para qué se hacen o cómo nos benefician.

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