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Ejército, soberanía y futuro

En un artículo lúcido y centrado publicado en otro matutino, ante la depredación de Petén, Silvia Tejeda se pregunta ¿Dónde estuvo el Ejército? Es decir, toca un punto medular: el fracaso del Ejército en defender la soberanía del país.

El analista Héctor Rosada, ha afirmado que “no tenemos el Ejército que necesitamos”. La referencia tiene que ver con los Acuerdos de Paz: un Ejército en una sociedad donde no existe más un conflicto interno.

En Prensa Libre se publica que el presupuesto del Ejército aumentó en un 37%  desde la presidencia del hoy preso general Otto Pérez Molina. Una de las excusas es el apoyo a la seguridad ciudadana. Pero se ha fracasado no otorgando los recursos necesarios a la Policía y dejándola bajo la custodia militar. Nuevamente ¿por qué? La respuesta tiene que enfocarse en la historia del Ejército como máquina de corrupción. Vivieron del conflicto armado. Luego con Pérez Molina migraron al Estado para cooptarlo y convertirlo en gallina de los huevos de oro, de uso privativo, en alianza con grupos de empresarios sin escrúpulos. Ahora “apoyando” a la Policía y haciendo todo menos lo que tienen que hacer: defender la soberanía.

La estructura y perfil de las  fuerzas armadas no encuentran cabida en una sociedad más moderna o que quiera modernizarse y alcanzar niveles superiores de democracia. Tenemos un Ejército inadecuado, carísimo e ineficiente.

De ahí que preocupan las desafortunadas opiniones del presidente Jimmy Morales, quien trata de limpiarle la cara al Ejército por medio de frasecitas sin significado. Me parece un bochorno que en entrevista de prensa haya afirmado que no conocía el informe de la Comisión de Esclarecimiento Histórico de la Verdad para enseguida, ante el señalamiento de un periodista de que era un documento producto de los acuerdos de paz y sancionado por Naciones Unidas, apresuradamente decir que lo había leído durante sus estudios de maestría. Todo este show dentro del intento de revivir el desfile del Ejército.

Pero la labor apologética del mandatario ha ido más allá de las frasecitas. Inició su período dando órdenes de que el Ejército tenía que construir miles de kilómetros de carreteras, poniéndolo a competir con el Ministerio de Comunicaciones. Luego vino un proyecto de gran superficialidad: hacer pupitres que el presidente, haciendo gala de su capacidad histriónica como artista cómico profesional, entrega en actos públicos. En suma: darle tareas al Ejército que no le corresponden.

La colosal labor de la Cicig y del MP está siendo criticada por fuerzas que buscan no solo defenderse sino perpetuar el latrocinio. Tenemos ahora la oportunidad de limpiar las estructuras del Estado y recomponer las instituciones. Es absurdo suponer que un Estado manejado por décadas por militares, pueda tener un Ejército transparente y honrado. No se trata de si hay buenos y malos militares. Se trata de la reforma del Ejército, dentro de la del Estado, para un futuro con soberanía y seguridad ciudadana bajo el poder civil.

No se trata de si hay buenos y malos militares. Se trata de la reforma del Ejército, dentro del Estado”

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