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Los niños siguen muriendo por desnutrición crónica

Las estadísticas sobre nutrición no son nada halagüeñas en el país. Solo en lo que va de este año, 35 niños menores de 5 años han fallecido por la falta de nutrientes, aun cuando durante décadas se han ejecutado diversos programas que buscan reducir este mal, pero sin ningún resultado positivo a la vista.

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De acuerdo con la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Sesan), entre el 1 de enero y el 11 de junio de 2016 se registraron 5,899 casos de desnutrición aguda. El mismo informe da cuenta de que en los últimos cuatro años, el 40 por ciento de los infantes de entre 0 y 5 años de edad presentan signos de desnutrición crónica. Esta alarma cuantitativa es más notoria en departamentos como Huehuetenango, Quiché, Alta Verapaz y Chimaltenango.

El problema, evidente cuando se viaja por estos sitios, ha llamado la atención de propios y extraños. Tan así, que en estos días se efectúa en el país una conferencia sobre el tema de la nutrición en Guatemala, con la participación de Central American Healthcare Initiative (CAHI, por sus siglas en inglés), INCAE Business School y la Universidad de Stanford, de los Estados Unidos. El evento se desarrolla con base en los resultados de un estudio que muestra la situación vivencial en Guatemala y cómo mejorar la salud y la nutrición infantil.

El municipio de San Lucas Tolimán, en Sololá, ha sido tomado como punto de partida para poner en marcha un programa efectivo de vigilancia e intervención nutiricional en niños de 20 comunidades. La idea es idenificar a los menores con ese problema de salubridad.

Germán González, titular de la Sesan, trata de ser objetivo y acepta que la desnutrición es un proceso que a este país le costará mucho tiempo reducir, por lo menos a nivel del resto de países centroamericanos. A Costa Rica, por ejemplo, le costó 20 años poder reducir la desnutrición crónica, dice.

La herramienta aplicada en San Lucas Tolimán, según González, pretende apoyar a los gobiernos para que haya mejores procesos y más efectivos, que es a lo que le apuesta Guatemala.

Y se dice que al país le costará mucho tiempo lograrlo, porque en la actualidad, a penas y se prioriza el primer nivel en atención en salud; es decir, que vamos en una etapa de diagnóstico, según el cual “tenemos que mejorar y fortalecer nuestro sistema de salud para lograr luego reducir la desnutrición crónica”, asegura González. De momento, Guatemala trabaja en la capacitación y formación del recurso humano.

Jorge Lavarreda, del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN) manifestó que se deben desarrollar más proyectos que vayan en la línea de brindar nutrientes a niños de 6 meses a 2 años, pues en esa edad el beneficio es cinco veces mejor, que el costo de la misma. Eso, a juicio del investigador, es “claramente una de las inversiones más rentables del país”.

Establecer estas prioridades, de acuerdo con Lavarreda, es positivo desde el momento de la asignación presupuestaria, pues se designan los rubros correspondientes a las necesidades planteadas y se evita tener que buscar mecanismos para romper las rigideces del presupuesto.

“Por eso, las prioridades se mantienen estancadas en el tiempo y, en el caso de la salud, no se logran asignar los recursos urgentes para poder obtener mejores resultados”, asegura Lavarreda.

“Solo más recursos con la misma forma de utilizarlos, no nos va a dar el rendimiento deseado. Necesitamos más recursos pero utilizados con otras prioridades, más a la acción preventiva y menos a la curativa”, concluyó.

EL PROYECTO EN SOLOLÁ

De acuerdo con Paul Wise, de la Universidad de Stanford, los promotores en salud estarán llegando próximamente a las comunidades más necesitadas. Pero este esfuerzo no es nuevo, pues es un programa que ya tiene diez años y ha dado muestras de haber contribuido a bajar el índice de mortandad infantil, reduciendo también la desnutrición en los niños del grupo objetivo.

El trabajo no es solo de quienes participan en el programa, dice Wise, pues también se atiende a otras localidades. Por eso, el estadounidense reconoce que todavía hay retos por vencer y se buscan innovaciones que apoyen el trabajo de los promotores de salud.

El primer mes ha sido exitoso, según Wise, pues hay muestras de una tendencia a la baja. “Vamos a empezar trabajando con ese grupo, pero en proyectos muy específicos de desnutrición. Por ejemplo en grupos de niños de entre 0 y 7 años” .

Un público obligado en este campo y tema, de acuerdo con Wise, es el de las mujeres, en quienes se debe invertir y para quienes hay planes específicos de salud, pero también de desarrollo infantil.

Este programa multisectorial también trabaja en la disminución de la diabetes en adultos, pues se ha detectado que es otro problema que afecta a la población guatemalteca, principalmente en comunidades rurales.

Andrea Prado, directora académica de CAHI y profesora de INCAE, manifestó que con estas capacitaciones tratan de fortalecer el primer nivel de atención para trabajar el tema de nutrición en zonas rurales, para líderes que se encuentran en el campo.

Así pues, el trabajo por reducir la desnutrición infantil crónica es arduo. Pero parece que deben hacerlo extranjeros para que la situación camine y funciones, pues en Guatemala ningún programa implementado por el gobierno ha logrado ser totalmente efectivo.

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