Home > Columnas > Abusados de todo y por todos

Si de abusos se quiere hablar, los guatemaltecos somos expertos… en recibirlos. De nosotros abusa el Estado que nos cobra impuestos, pero no nos da absolutamente nada a cambio. Ni siquiera un buen servicio. Tanto, que ni una sonrisa recibimos cuando visitamos alguna institución pública. Lejos de ello lo que vemos son malas caras, malos tratos y hasta, a veces, uno que otro insulto. Como si sus salarios no salieran de nuestros impuestos.
Porque todos pagamos impuestos. Cuando doña Ana va a la tienda y compra una gaseosa, en cualquiera de sus presentaciones, está pagando IVA. Si llega o no a las arcas nacionales, ese ya no es problema de doña Ana, es problema del Estado que no ejerce los controles necesarios para hacer que el tendero no le robe a ninguno de los dos. Y eso sucede en cualquier cosa que compremos y no nos den factura, le damos la oportunidad a alguien para que nos robe. A nosotros y al Estado.
En los hospitales no hay personal suficiente para atender a los enfermos y menos medicina para sus tratamientos, pero de pagar los impuestos nadie se salva.
Abusan de nosotros los banqueros. Nos cobran un ojo de la cara por prestarnos dinero, pero si guardamos nuestros quetzales en sus bóvedas no hacen sino darnos una nada. Al final del año, con los costos que nos encaraman, terminamos teniendo menos dinero de lo que depositamos.
Somos abusados por todos lados y por todos.
Abusan de nosotros hasta los “cuidadores” de carros. Ante las medidas arbitrarias de la Municipalidad capitalina, que para ordenar el tránsito han prohibido parquearse en casi la totalidad de las calles, han proliferado los parqueos públicos. En ellos se nos cobra por  media hora o fracción, pero no se hacen responsables de nada. Ni por el vehículo, ni por lo que uno deja adentro.
Y si logramos estacionarnos en la calle, para ahorrarnos el pago del parqueo, seguro asomará más de alguien ofreciendo sus servicios de cuidador. Algunos hasta con talonarios de tiquetes que no sirven para nada, más que para dejarnos una muestra de la estafa de la que somos víctimas. El pago debe hacerse por adelantado, así ellos se garantizan que ya pueden ir a timar a otra cuadra a otro incauto como nosotros. Y si no pagamos, no faltará la amenaza velada de que “entonces no me responsabilizo de lo que le pase a su vehículo”.
La mayoría guardamos silencio ante todos estos abusos. Pero no tiene que ser así. Tenemos derechos y debemos para hacerlos respetar. En la tienda nos debieran dar factura o al menos una garantía de que trasladan nuestros impuestos a la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT). En los bancos debieran ser menos usureros y pagarnos un poco más de intereses, al menos para salir tablas ante la inflación. Por qué solo ellos tienen que ganar. Y con esos “cuidadores” de carros, lo mejor es, como se dice en buen chapín, ponerse al brinco y advertirles que si algo le pasa a nuestro vehículo, seguro la pagarán.
Y nosotros siempre callados, dejando que todos hagan de nosotros lo que quieran. Que ya no abusen más de nuestra pasividad. Nadie. Que nos respeten y respetemos a los demás, para que todos vivamos en paz y armonía.

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