Home > Columnas > Los viejos mandan

Las organizaciones criminales son animales territoriales. Sin importar el tamaño de la organización, su comportamiento “natural” tiende a delimitar líneas territoriales. Ya sea por recursos económicos, recursos de capital “político”, recursos de producción o cualquier tipo de insumo, las organizaciones criminales son máquinas pretorianas devoradoras de todo lo que se cruza a su paso. De hecho, la mayoría de los conflictos entre organizaciones criminales tienen un elemento territorial implícito. En ese sentido, las organizaciones criminales no son distintas de un Estado. Los Estados también pueden ser máquinas tragadoras de recursos y espacios de influencia. Por eso es que los Estados no toleran excepto que existan beneficios muy gordos- rivalidades en su territorio. En teoría, los Estados tampoco toleran que se afecte su mayor capital social: la tranquilidad en el espacio público. Viene entonces la pregunta obligada: ¿Por qué, entonces, los Estados deciden pactar con el crimen organizado, si resulta que las organizaciones criminales son en esencia mecanismos de Estado paralelo? Porque se supone que los Estados pueden evitar la pérdida de capital social cediendo. Evitando así el pandemonio. Por eso, en Italia, La tratativa (los pactos Estado-mafia) resultó fundamental para volver a asegurar la estabilidad del Estado italiano.

Ahora bien, una cosa es la capacidad de los Estados para llevar a cabo este tipo de decisiones estratégicas (aunque poco morales) y otra, que los grupos criminales puedan entre ellos mismos operar así. Los grupos más pequeños y volátiles como los clanes napolitanos tienen esa característica de explosividad. No importa que dominen el tráfico de droga en Europa, viven constantemente en guerra. Lo mismo se podría decir de las pandillas a raíz de toda la violencia que han generado en la región centroamericana. ¿Y los cárteles?

Unos más, otros menos, pero siempre se había dicho que el cártel de Sinaloa manejaba mucho mejor sus disputas internas porque precisamente había logrado conformar un tipo de federación entre distintas organizaciones, las cuales, si no compartían la sangre, compartían la territorialidad común. Así, entonces, pudieron operar varios grupos incluyendo los relevos generacionales. Hasta ahora.

Pero con el retorno de Caro Quintero las cosas pueden cambiar. Quintero, quien es uno de los fundadores del narcotráfico en México, se encontraba cumpliendo con su condena. Entre otros delitos, el secuestro y tortura del agente de la DEA Enrique Kamarena. Quintero no necesitó escaparse. Lo que él requirió fue que tres magistrados del Primer Tribunal Colegiado en Materia Penal del Tercer Circuito Penal revocaran su sentencia para dejarlo libre. Su salida de prisión lo puso de nuevo con Joaquín Guzmán, José Esparragoza e Ismael Zambada en la dirección del cártel más grande que hay en la región.

Sin embargo, tener intacto el liderazgo parece que no eliminó los problemas: Esparragoza murió de un ataque al corazón (aunque no hay confirmación oficial de esto) y el Chapo terminó inexplicablemente en prisión. Y por si las cosas parecieran no ser menos complicadas, otros grupos rivales decidieron ingresar a la casa de la madre del Chapo en plena luz del día no menos de tres semanas atrás. En los mismos días, uno de los amigos más cercanos de Joaquín Guzmán de nombre Julián Vanegas fue secuestrado en Puerto Vallarta.

Creo que no hay más que decir. Parece que hay un relevo generacional, pero en este caso no son los jóvenes como Joaquín Guzmán, sino los viejones, los originales, Zambada y Quintero, quienes quieren retomar el control. Lo triste es que estas disputas afectarán a toda la región.

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