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Peligra la lengua de los emperadores de China

Durante casi tres siglos el manchú fue el idioma de los emperadores de China. Actualmente solo un puñado de ancianos lo hablan con fluidez en dos pueblos.

Los manchúes, antiguos ganaderos que vivían cerca de la actual frontera entre China y Mongolia, invadieron el país a caballo en el siglo XVII, derrocando a la dinastía Ming (1368-1644) y estableciendo una propia: la Qing.

Su idioma, convertido en el de la corte de Pekín, se utilizó en los documentos oficiales del país, una de las mayores potencias mundiales de la época.

Sin embargo, después de su integración progresiva a la cultura Han (la etnia mayoritaria), esta lengua fue desapareciendo poco a poco hasta convertirse en minoría.

“Hoy en día, hablamos sobre todo en chino, si no los jóvenes no entenderían”, explica Ji Jinlu dentro de una cabaña con pocos muebles a la orilla de un maizal, antes de entonar una canción de cuna que él mismo compuso.

Las acciones para salvar el manchú se multiplican a medida que aumenta la toma de conciencia de identidad entre los diez millones de personas de esta minoría.

La insignia de la escuela primaria de Sanjiazi, en la provincia de Heilongjiang (noroeste), está en manchú y los pasillos del establecimiento están tapizados de carteles hechos por los estudiantes con frases escritas en este idioma.

El profesor Shi Junguang graba a los ancianos del pueblo hablando manchú antes de que mueran. “Actualmente, no tenemos especificidad étnica, en términos de comida o vestimenta tradicional. Lo único que nos queda es el idioma”.

Resurgimiento

Durante el reinado de la dinastía Qing, China experimentó una expansión territorial masiva, antes de declinar en el siglo XIX, laminada por las guerras civiles, la corrupción y la presión de las potencias europeas y de Japón.

Bajo la influencia de la cultura china Han, los Qing abandonaron poco a poco su lengua, adoptando el mandarín.

Un gran número de manchúes disimulaban su dominio del idioma, una tendencia que se agravó con la llegada Mao Zedong y sus campañas contra las lenguas antiguas y extranjeras.

“Nadie hablaba la lengua”, recuerda Ji Jinlu. “¿Quién se iba a atrever? Era una época donde se destruía la cultura antigua”.

Después de la muerte de Mao, en los años 80, el panorama cambió.

Se crearon más de 300 cantones manchúes, y una política de discriminación positiva permite a los miembros de las minorías étnicas beneficiarse de puntos suplementarios durante el examen de admisión a la universidad.

“La conciencia de ser manchú comenzó a renacer y es cada vez más fuerte”, aseguró Yang Yuan, historiador radicado en Pekín y perteneciente a esta etnia.

“Nos volvimos

como ellos”

Pero en Sanjiazi, la transmisión de la lengua enfrenta un obstáculo: el poco interés de los jóvenes, quienes viven conectados a Internet y soñando con irse de la aldea.

“Para ser honesto, hablamos mejor inglés”, asegura un joven en el exterior de una escuela del pueblo.

“Este lugar tiene un valor sobre todo simbólico, por ser uno de los últimos bastiones de hablantes del manchú”, señaló Mark Elliott, historiador de la universidad de Harvard. “Si los esfuerzos realizados tienen como finalidad convertir el manchú en una lengua que se hable todos los días, entonces dudo que vayan a tener éxito”.

Meng Xianran, de 85 años, cuya lengua materna es el manchú, suspira: “Los manchúes reinaban en la antigüedad sobre los hanes, pero eso ya es tiempo pasado. Nos hemos vuelto como ellos. Ya no existe una diferencia”.

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