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Inversión y empleo, realidades y nuevas iniciativas

En anteriores entregas, con relación a la necesidad de atraer la inversión y el empleo, de alguna manera nos hemos enfocado sobre las realidades actuales en el país. Realidades que, sobre todo, parten de factores determinantes de las bajas tasas de crecimiento: “bajos niveles de productividad de la economía; bajas tasas de inversión en capital físico y humano; incongruencia de la política salarial con las condiciones del mercado laboral; inseguridad física y jurídica; debilidad en los derechos de propiedad; ambiente jurídico y regulatorio, adverso para la inversión y la búsqueda de ganancias de eficiencia; y la ausencia de políticas específicas de desarrollo productivo” (Estabilidad y Crecimiento, Hugo Maul G., Elperiódico, 07/06/2016, Pág. 13). Agregamos a esto, la ubicua conflictividad generada por una diversidad de causales, tanto legítimas localmente como por manipulación de intereses exo-locales. Y en perspectiva más amplia, muy de tomar en cuenta, el necesario asidero institucional que deben proporcionar las políticas de inversión y empleo. Formuladas estas bajo una perspectiva de desarrollo económico sostenible, deben fundamentarse sobre la base de convicciones, actitudes y valores, aceptables tanto para los intereses del sector productivo, como para el laboral, las instituciones académicas, sociales, religiosas y la sociedad civil.

De otra parte, obligado es, asimismo, conocer a fondo y con sentido crítico, las iniciativas que ahora nos vienen del Norte, para el caso, del Gobierno de Estados Unidos con el programa Alianza para la Prosperidad de los Países del Triángulo Norte de Centroamérica, el cual, según anticipan funcionarios de la Embajada de aquel país, “Permitirá mejorar el clima económico y la seguridad ciudadana…ya que …el programa incluye generar condiciones económicas para evitar la migración, además de reducir la tasa de homicidios… una estrategia que tiene varios ejes, entre los que destaca el apoyo económico a la región.” (Charisse Phillips, ministra consejera de la Embajada, Prensa Libre, 18/06/2016, Pág. 23), A este respecto, la anterior cita corresponde a una entrevista muy preliminar a la señora Phillips y que se transcribe en la misma página referida del medio.

Incluyó preguntas de fondo, pero dada la complejidad de los temas relacionados, ello reclama aclaraciones con mayor precisión de detalle, sobre todo para mejor conocer, las interioridades del programa. Por ejemplo, una pregunta (del entrevistador del medio) pone el dedo en la llaga: ¿La pobreza y la falta de oportunidades económicas siguen siendo un factor de migración? R: “Sí, pero ni el Gobierno de EE. UU. ni el de Guatemala pueden cambiar la migración. Lo que estamos intentando es crear condiciones que van a dar esperanza (económica) a quienes van a migrar.” Acá, un pero en mayúsculas es que el HAMBRE no se aplaca con esperanza… y si “económica” esta, ¿cuál entonces es el sentido de esta respuesta?

Hay, pues, evidente necesidad de conocer, entender, argumentar de mutuo y socializar ampliamente, estas medulares iniciativas que ahora mismo se les ofrecen a los países centroamericanos.

La complejidad de los temas reclama mayor precisión de detalle para mejor conocer las interioridades del programa.

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