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Argumentos y contradicciones

Finalmente, Roxana Baldetti y Otto Pérez Molina, la fórmula presidencial del pasado gobierno del Partido Patriota (PP), prestaron su primera declaración ante el juez de Mayor Riesgo B, Miguel Ángel Gálvez. Sus argumentos y expresiones son dignos de una novela. Acusaciones, señalamientos, aceptaciones, reclamos y contradicciones son parte de sus peroratas.

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Baldetti la emprendió contra quien fuera su mano derecha, no solo en los asuntos administrativos de la vicepresidencia, sino también en los supuestos negocios turbios por los que enfrenta el proceso penal. Le dijo ser el alacrán en la camisa que ella misma se había colgado. También le incriminó ser el responsable de presentarle a casi todos los funcionarios que ella nombró y que luego fueron vinculados a diversos actos de corrupción. Reclamó que fuera él quien organizó una estructura criminal de la que ahora se le acusa a ella y a Pérez Molina.

La exvicepresidenta alega inocencia. Acusó al abogado representante de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) en el proceso, de padecer de “misogenia”, por cierto un término inexistente, pues lo correcto es misoginia. Aunque con su declaración acepta tácitamente todo lo que se dice en su contra, y en algunos casos hasta expresamente, insiste en que el culpable es Monzón y no ella ni el expresidente.

Pérez Molina no varía mayor cosa en su argumentación. Él no sabe nada de lo sucedido, argumenta. El helicóptero lo compró Monzón, dice. De acuerdo con el expresidente, Monzón debe ser atendido por un psiquiatra y el jefe de la Cicig, asistir con un psicólogo. Además, señaló al expresidente Álvaro Colom de haber recibido informes del entonces presidente de la Superintendencia de Bancos, Édgar Barquín, para acusarlo de actos de corrupción que nunca se pudieron probar.

Pero más allá de las argumentaciones, en el fondo lo que ambos utilizan es un discurso lleno de contradicciones y, en otros momentos, esquivo y con intentos de desviar la atención hacia otros casos que no tienen vinculación lógica alguna.

Por ejemplo, si la señora Baldetti sabía de las negociaciones ilícitas de Monzón y tenía un equipo de investigación encabezado por Verónica Taracena para perseguir a los corruptos, ¿por qué nunca lo despidió?

Durante su estancia en Corea, cuando supo sobre la orden de captura contra Monzón, era el momento de confirmar lo que supuestamente sospechaba. Entonces, ¿por qué no pidió a las autoridades coreanas que lo detuvieran, en lugar de supuestamente pedirle a él que se viniera y se entregara? Si cree que los guatemaltecos nos tragaremos esas mentiras, está equivocada.

Y en el caso de Pérez Molina, las preguntas que surgen de su declaración rondan en la misma lógica. ¿Cómo sabía que Monzón compró un helicóptero, el cual dice que nunca aceptó? Eso implica que supo sobre la forma de adquirirlo. Y ¿por qué cuenta las historias de otros presidentes en lugar de profundizar en su defensa? Seguro no tiene argumentos sólidos y entonces intenta desviar la atención hacia otras cosas. Si en realidad conoce de otros casos de corrupción, que los denuncie y ya, pero que no intente llevar el proceso en su contra por otro camino. Que se dedique a su defensa, si es que la tiene.

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