Home > Cultura > En Escenarte

Tengo algunos años de orbitar en torno a la docencia artística y, desde esa posición, he aprendido a percibir el esfuerzo institucional respecto a esta especialidad de la formación humanista. Pareciera que el arte está siguiendo su solitario cauce por encima de la sequía educativa que predomina en el país, estableciendo, con sus logros, nuevas generaciones de protagonistas sensibles y cultos. Estos últimos aspectos, vitales en el rescate de un espíritu nacional asediado por la sombra de un sistema político minado por el cáncer de la corrupción y, por ende, incapaz de comprender la necesidad de trascendencia que habita en el fuero interior del guatemalteco.

Entre las múltiples instituciones que están dejando huella en el campo de la actuación se localiza Escenarte, sitio educativo cuya labor se centra en la enseñanza de técnicas y cuyos contenidos se inclinan hacia las disciplinas del cine, teatro y la televisión. Preparación escalonada que es alimentada por el conocimiento de medios complementarios y alternativos que amplían la panorámica de los aspirantes que se acercan a su sede. Veinte talleres y el tiempo adicional que el alumno decida.

El staff de maestros lo encabezan Samanta de la Garza (quien recibe a los más pequeños) y Juan Pablo Asturias (teatro inicial); las especialidades están a cargo de Horacio Almada, Juan Antonio González Llanes, Adriana de León, Susana Figueroa y Guillermo Ramírez Valenzuela. Todos profesionales, cuya labor les ha dado notoriedad, tanto en México como en Guatemala.

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir a dos de los exámenes de fin de semestre. Dos obras cortas, una de ellas adaptada de textos de Miguel Ángel Asturias, y la otra rescatada de la tradición de la comedia del arte italiana, interpretadas por dos grupos provenientes de los primeros semestres del programa utilizado en la institución. La impresión que me llevé fue tan buena que me decidí escribir la presente nota. En ambos casos, bajo la dirección de González Llanes, los chicos crearon espectáculo logrando la complicidad necesaria con el público. La técnica de las máscaras, aplicada en las leyendas, utilizaba como recurso el cuerpo y la palabra. Lo que más agradecí fue el volumen y la dicción. Los que les siguieron, el doctor Cataclisterium, tan buenos en recursos que los presentes no sentimos correr el tiempo.

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