El Siglo

Nueva inversión y realidades a tomar en serio

Entre las realidades del entorno país en Guatemala, bajo la óptica de condiciones atractivas para la inversión, sobresalen: una infraestructura que en términos de caminos a lo largo y ancho del país, se deterioran más en el día a día,  agregándose muchos accesos difíciles y remotos en varias de las regiones. Un clima de negocios que no es apoyado con eficiencia en las gestiones y procesos burocráticos. Como si lo anterior fuera poco, se manifiesta una conflictividad local de manera sistemática que toma bandera en contra de proyectos de nuevas inversiones, sean estos de apenas la preliminar exploración para evaluar factibilidades en generación hidroeléctrica o verificar la existencia de depósitos minerales con potencial comercial. En todo esto, se maneja la desinformación que trastroca las carencias de la pobreza poblacional no atendida, hacia posicionamientos de protesta o agresividad pasiva (bloqueos de calles, caminos y accesos). Tal la lectura, que obligadamente han debido anotar los posibles interesados en invertir en la región centroamericana, particularmente Guatemala. Y esto lo traducimos, fácilmente, en cuanto a causas y consecuencias, si vemos que la eventual inversión en, por ejemplo, generación de energía eléctrica representa un medio para el soporte de otras inversiones productivas de beneficio para el país, como fábricas y procesadoras agroindustriales, ensambladoras, maquiladoras, etcétera, instancias que sí demandarán mano de obra en forma intensiva. Pero que no podrán instalarse si no se cuenta, además de la energía, con mano de obra y servicios a costos competitivos, de manera que invertir en nuestro país resulte más atractivo que en otros de la región. Porque a menos que se trate de inversionistas nacionales, los foráneos, entre los que se cuentan las grandes corporaciones, tienen para elegir también a nuestros vecinos, empezando por México, que ofrece mejores condiciones a la nueva inversión, empezando por mano de obra disponible, que allá también abunda, a la par de condiciones salariales competitivas, mejor infraestructura y clima de negocios abierto y favorable.

No olvidar, también, la necesaria participación efectiva de los gobiernos, tanto el central como los locales municipales, con el indispensable apoyo conjunto, en políticas de inversión y empleo. 

Hay demanda de trabajo para los miles de jóvenes que se suman cada año a la fuerza laboral desempleada. Y la pobreza del ingreso precario temporal obliga, en muchos casos, hasta agregar el trabajo de los menores de edad  para el  sostén familiar.

La realidad, hoy, es que esa juventud impedida de lograr un empleo formal ve opciones, como la emigración o las prácticas delincuenciales. Sobresale, pues, la prioridad de atraer nuevas inversiones al país, principalmente industrias cuyos procesos de producción ocupan mano de obra directa en forma intensiva. Mano de obra que está disponible, esperando oportunidades de trabajo productivo y formal. ¿Ha ponderado seriamente estas realidades el programa Alianza para la Prosperidad de los Países del Triángulo Norte de Centroamérica?

Trabajo para miles de jóvenes que se suman cada año a la fuerza laboral desempleada.

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