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Natalidad baja empobrece el país

La noticia viene de España (temasynoticias.com junio16) y proviene del ingeniero Magarro, director de la Fundación Renacimiento Demográfico, creada a mediados de 2013. Y es que el invierno demográfico aparece más crudo cada día y afecta a la mayoría del planeta, pues hasta en los países árabes caen los índices de natalidad.

Señala que el caso de España es especialmente sangrante, pues, según últimos estudios de la ONU, van siendo la segunda plaza como el país más viejo del mundo, solo superado por Japón.

Por ello no se anda con rodeos: o invertimos la tendencia de la natalidad o esto se mira muy mal. Y es que este ingeniero de telecomunicaciones, autor de El suicidio demográfico de España, sabe de lo que habla.

Haciendo referencia a publicaciones del Instituto de Política Familiar, en España, de 1980 a 2016 se han reducido los nacimientos en un 25%. Y se pregunta ¿qué consecuencias inmediatas tiene esto? Y responde claro: “La consecuencia es que vamos camino a ser una sociedad achacosa y decadente, que va a una lenta pero inexorable muerte si no repunta la natalidad, y pasando por un empobrecimiento continuo, económico y afectivo, por una disminución constante de nuestro peso internacional”.

Y por otra parte, contestando a la pregunta de qué hay de cierto en las teorías de la superpoblación y su eventual peligro, responde que no lo hay, porque la natalidad mundial es apenas superior al nivel de reemplazo, y sigue bajando; y porque se ha demostrado que el ser humano es capaz de generar recursos para la población con mayor rapidez de lo que esta crece. ¡Malthus estaba equivocado!

Viendo el tema en positivo, no nos podemos detener ante el peligro evidente de la baja natalidad provocada. Se pueden recordar cuatro puntos que nos lleven a detener esta caída de población.

En primer lugar, la existencia de una menor proporción de gente en edad de trabajar, en comparación con el número de jubilados. El resultado es que la financiación de las jubilaciones y el gasto sanitario se convierten en un reto cada día mayor, por tratarse de gastos financiados en la mayoría de los países por impuestos sobre el seguro social, que pagan quienes trabajan en el presente. En segundo lugar, el descenso de la innovación, porque la mayoría de las nuevas ideas proviene de inventores y científicos jóvenes; incluso una población más numerosa aumenta el incentivo para innovar.

En tercer lugar, una sociedad con niños es más alegre, esperanzada, creativa, generosa: tiene futuro. En cuarto lugar, la solución para los países en caída de natalidad suele ser abrir las puertas a la inmigración, a veces con consiguientes problemas políticos y sociales; aparte del peligro de la pérdida de la historia, tradiciones, valores, cultura y lengua.

La verdadera riqueza del mundo moderno son los recursos humanos. Por eso, ante el crecimiento de nacimientos debe incrementarse ayudas a las madres, subsidios a los establecimientos educativos… Lo otro, disminuir la natalidad, es hipotecar el futuro.

La natalidad mundial es apenas superior al nivel de reemplazo, y sigue bajando; y porque se ha demostrado que el ser humano es capaz de generar recursos para la población con mayor rapidez de lo que esta crece.

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