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No está la virgen para tafetanes

Los diputados no son ningunas santas palomas. Eso lo tenemos todos muy claro. Muestras las hay por montones. Pero si algunos pueden hacerles la competencia, esos son los mismos trabajadores del Congreso de la República que, durante años, han abusado de un Pacto Colectivo de Condiciones de Trabajo malinterpretado, por supuesto que a su favor.

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Esa errónea lectura del instrumento legal ha permitido que en pocos años, un trabajador que gana salarios base reducidos, llegue a percibir cantidades mensuales que sobrepasan el nivel medio de cualquier guatemalteco, al menos de los que se mueven en los mismos niveles  medios de los trabajadores del Legislativo.

Solo pensemos en alguien que entre al Congreso ganando Q6 mil al mes. Con la forma de cálculo que se aplica, el trabajador puede llegar a ganar Q30,327.48 en 15 años, una cifra superior a la que obtiene un legislador. La cifra solo llegaría a la mitad, Q15 mil , si se calcula legalmente. Es decir, si el aumento anual solo equivale al 10 por ciento de lo establecido como salario base.

Estos números son suficientes para caer en la cuenta del abuso del que los guatemaltecos somos víctimas por parte de los trabajadores del Congreso y, sobre todo, de los dirigentes sindicales. Por supuesto que avalamos la necesidad de que toda persona debe tener un salario digno y alto, pero también dentro de los rangos que el mercado y las condiciones del Estado permitan. El secretario general del mayor de los sindicatos del Congreso, Alfredo Tumax, por ejemplo, gana Q33,124.48 por prestar sus servicios como Supervisor de conserjes y ujieres. Pero la contadora general del Legislativo recibe Q84,002.29, lo cual equivale a casi tres veces el salario de un diputado.

Tampoco queremos decir que avalamos el salario de un diputado, pues por lo que hacen, la verdad es que ganan demasiado. Pero ello no quiere decir que se apañe el abuso y el despilfarro que, escudados en la figura del sindicalismo, los trabajadores practican.

Los pactos colectivos de condiciones de trabajo que resultan aberrantes, deben ser revisados, pues no solo en el Congreso se dan estas malas prácticas. En el Ministerio de Salud, por ejemplo, también las hay. Basta leer ese pacto en la parte que corresponde a los viáticos para montar en cólera. Resulta que el secretario general del sindicato, si sale de viaje en alguna comisión, puede cobrar por cada día Q1 mil. Eso significa que si se va desde el viernes por la mañana y regresa el domingo por la noche, solo en ese fin de semana recibirá Q3 mil. Si así lo hiciera los cuatro fines de semana del mes, acumulará Q12 mil, a lo cual habría que sumarle su salario, que también goza de una serie de privilegios. Por supuesto que quizá se los gaste en el viaje, aunque la verdad es un poco dudoso; pero como dirían las abuelitas, no está la virgen para tafetanes y el Estado tiene muchos otros compromisos más importantes que despilfarrar el dinero en comodidades y lujos para este grupo de personas.

Al final de cuentas, el dinero sale de la bolsa de todos los guatemaltecos y, seguro es que si se pregunta a toda la población si avala esos gastos, la respuesta será un rotundo no.

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