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Su nombre era Marleni Estrada

Fue asesinada en el centro de la ciudad de Guatemala, el domingo 19 de julio de este año, al final de la tarde, después de conducir su vehículo y despedirse de su padre que iba hacia el nororiente. En su automóvil quedaron muchos impactos de bala; nadie sabe quién fue ni el motivo. A partir de ese momento solo hay dolor, tristeza, una familia desgarrada, una criaturita de 4 años huérfana y una organización sindical duramente lastimada Unsitragua.

Marleni Estrada era una defensora de los derechos humanos.

Su padre, Jorge Estrada, ha dedicado su vida a la defensa de los derechos de la población trabajadora. Dirigente de un sindicato obrero que integraba el Frente Sindical Organizado de Amatitlán (Fosa), una las organizaciones más movilizadas durante los años setenta y ochenta cuando la persecución y el asesinato de trabajadores sindicalizados era cotidiano. A pesar de las amenazas en esos años y en otros momentos más recientes, siempre estuvo al frente de sus responsabilidades sindicales hasta que fue necesario bajar su perfil y evitar que lo alcanzara el aparato represivo estatal de la época. Se integró a Unsitragua desde sus inicios como asesor de sindicatos y, precisamente, cuando su hija lo dejó en la estación de camionetas, se dirigía a una negociación colectiva con la patronal de una empresa privada.

Marleni siguió sus pasos. Estudió Derecho y se destacó como abogada defendiendo derechos fundamentales consagrados en la Constitución y en el Código de Trabajo. En los días previos a su muerte estaba concluyendo la documentación para darle vida a un nuevo sindicato en una empresa privada, algo tan necesario como la inversión de los patronos, pues el sindicato constituye un componente esencial de representación de trabajadores, es fuente de reconocimiento al valor del trabajo, medio para la construcción de la democracia y herramienta de ejercicio de ciudadanía que no es otra cosa más que el reconocimiento político de los derechos humanos.

Marleni nunca le hizo daño a nadie. Su contribución fue con la paz de Guatemala, cuya base es que la población trabajadora sea tratada con respeto y los derechos de las personas en todos los ambientes del trabajo se conviertan en el cimiento de las paredes de los centros de producción, así como motivo de realización y de felicidad de las familias que dependen de cada uno. En fin, hacer de Guatemala un lugar bueno para vivir, en donde reine el bien común.

Este ha sido siempre el propósito de Unsitragua, tristemente convertida en dos vertientes (una identificada como Histórica y otra como Federación). Ojalá que esta dolorosa pérdida convoque a los sindicatos de ambas a recuperar la esencia de su lucha y de su consigna fundamental: ¡Por la unidad de la clase trabajadora!

Guatemala muere todos los días con cada muerte de sus hijas e hijos. La demanda al Estado es puntual: captura efectiva del o los asesinos, juicio y castigo. Nuestro sentimiento solidario a su familia y a los luchadores de la paz.

Ojalá que esta dolorosa pérdida convoque a los sindicatos de ambas a recuperar la esencia de su lucha y de su consigna fundamental: ¡Por la unidad de la clase trabajadora!

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