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Joseph Goebbels en Guatemala

Pareciera increíble que un hombre tan repudiado como Goebbels y rechazado por la historia de la humanidad llegara a nuestro país y se quedara, pasando desapercibido hasta ahora. El mote de enano nazi no lo obtuvo por referencia a su estatura, sino que a su alma, expresada en su conducta servil y lambiscona hacia el poder supremo que era Hitler, y a su retorcida mente para esclavizar la conducta de una nación: la alemana, durante la Segunda Guerra Mundial.

Sus teorías sobre la propaganda y la dominación de las masas por medio de un sistema muy elaborado de acción política y propaganda se extendieron hacia las colonias de las potencias triunfadoras en la guerra, hasta otros confines como Guatemala, debajo del brazo de militares con el Manual de la Guerra Psicológica. Varias promociones de oficiales se entrenaron en estas artes, que acompañaron el preponderante papel de la institución armada y sus adláteres civiles durante los aciagos años de la guerra en el país.

El método de Goebbels vino y se quedó a vivir en un hábitat construido especialmente para él. Para ello, el poder supremo constituyó un conjunto de equipos de trabajo a quienes dotó de frecuencias radiofónicas, canales de televisión, plumas connotadas para los medios escritos, beneficiados en especie para servir a los propósitos de la lucha anticomunista. Al final de la Guerra Fría y del conflicto armado se convirtieron en herramientas al servicio de la política de miedo y de la extorsión subliminal con el fin de orientar la opinión pública hacia intereses económicos y políticos. Así mueven masas hacia donde se encuentran los intereses de quienes les pagan y ayudan a mantener su estatus. El fenómeno Jimmy Morales solo se puede explicar de esta manera.

Familias de militares fueron las beneficiadas con la entrega de canales de radio, televisión, comunicaciones radioelectrónicas y ahora digitales. Dicho manto abarcó, autobuses de pasajeros urbanos y rurales, taxis y las empresas privadas de seguridad. Control social absoluto en tiempos de paz. Control social que es una tarjeta de crédito canjeable casi por cualquier bien, sobre todo poder.

El sistema de coerción mental se encuentra en los medios de comunicación que ahora se lanza contra la fiscal general. En todos los medios, con preguntas con código cambiado como “la presunción de inocencia, el tráfico de influencias, el debido proceso, la libertad de expresión”, ahora que los capos de las corporaciones de la televisión y la radio son tocados por su “supuesta” complicidad y participación en estructuras paralelas del crimen organizado.

El método les ha funcionado. El miedo, la apatía y la enorme ignorancia de nuestra sociedad son terreno fértil para este. Entre más amplia es la masa a convencer, más pobre el mensaje. Así, lo que le queda a la sociedad consciente es redoblar su papel de denuncia para contrarrestar los ataques que pretenden victimizar a los victimarios y destruir lo alcanzado por el MP y la Cicig.

Familias de militares fueron las beneficiadas con la entrega de canales de radio, televisión, comunicaciones radioelectrónicas y ahora digitales.

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