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Liderazgo, resultados y algo más

¿Dónde radica la efectividad de un líder? Probablemente podamos pensar que la respuesta se resume en Resultados. Sin embargo, le pido que no respondamos tan a la ligera y que vayamos un poco más allá de lo que la lógica tradicional nos pudiera sugerir como respuesta. No es que demerite los resultados en una persona; todo lo contrario, considero que parte importante de un líder es precisamente desarrollar la competencia de lograr los objetivos que se ha trazado. Creo fervientemente que somos contratados y llegamos a ser parte de las organizaciones a las que pertenecemos para hacer que las cosas sucedan y no para justificar o explicar por qué no suceden.

Pero los resultados no siempre hablan por sí solos cuando de liderazgo se trata. Me atrevería a asegurar que todos hemos sido testigos de personas que logran resultados, sin que reconozcamos en ellos la más mínima cualidad de lo que consideramos un líder. Bajo la premisa de “el fin justifica los medios”, los resultados se pueden lograr, pero la obtención del grado de “líder” no se logrará. Los resultados en sí mismos no garantizan nada, salvo que es alguien que consigue su cometido.

El liderazgo no se fundamenta solo en los logros; tiene su mayor ancla de sostenimiento en el ser del individuo. Más allá de lo que tiene, más allá de lo que ha hecho o ha conquistado, la pregunta inicial a responder es ¿Me logro liderar a mí mismo? El verdadero liderazgo surge de la capacidad de guiar adecuadamente a la persona más complicada: la que vemos en el espejo. Tenemos que reconocerlo: es mucho más sencillo lograr que otros hagan lo que nosotros deseamos, que hacer lo que sabemos que tenemos que hacer.

El proceso de liderarnos no radica solamente en conocer cognitivamente lo que debemos hacer, sino en la capacidad de gestionar adecuadamente nuestras emociones y reacciones hacia el lugar correcto. El inicio del liderazgo es justamente en el interior de nuestra gestión emocional. Un liderazgo efectivo de grupos se logra cuando existe inicialmente un liderazgo efectivo de nuestro propio ser.

No hablo necesariamente de ser una persona “blanda” que se deja de todos y de todo; eso denota falta de carácter. A lo que me refiero es a tener el justo reconocimiento del tipo de emociones que experimentamos y saberlas canalizar adecuadamente acorde a las situaciones.

Las personas estamos dispuestas a seguir a líderes firmes, pero que esa firmeza provenga de un ser interior capaz de gobernarse a sí mismo y no del ruido que provoca una voz alzada. Recuerde: cuando de liderazgo se habla, se requieren resultados, pero también de algo más.

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