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Las universidades en Guatemala (4)

La universidad constituye uno de los ejes centrales para el desarrollo de los países. No obstante, en Guatemala se carece de una política nacional de estudios superiores. A lo sumo, se cuenta con políticas académicas definidas por cada universidad. Si bien es cierto que existe el Consejo de la Enseñanza Privada Superior (CEPS), sus funciones no contemplan la capacidad para influir en las universidades. Esta misma situación se observa con el Consejo Superior Universitario de la Usac, que limita sus funciones a la propia autonomía de los gobiernos facultativos. Por tanto, se carece de instancias que establezcan las estrategias que vinculen la ciencia, la tecnología, la investigación y la formación profesional con las necesidades de desarrollo del país.

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En países de la región existen institutos de estudios para la universidad comprometidos con el análisis y propuesta para mejorar los estudios superiores. Ante esta ausencia, en Guatemala surgen preguntas esenciales tales como: ¿Cuáles son los derroteros de las universidades? ¿Cuáles deberían ser los parámetros profesionales y éticos para establecer los niveles óptimos de calidad? ¿Cuáles son los nichos de oportunidad y qué carreras son esenciales en el mediano y corto plazo? ¿Cómo impulsar la investigación vinculada a los ejes centrales del desarrollo humano sostenible? ¿Qué regímenes de contratación docente son los mejores para garantizar una formación de excelencia? ¿Cómo podemos garantizar la equidad en el acceso a la universidad? Podemos ampliar un sinnúmero de preguntas, pero lo cierto es que en la actualidad no existe la capacidad para responderlas.

Algunos ejemplos podrían ser el quiebre de las relaciones de poder en el acceso estudiantil y elección de carreras universitarias. Mientras que en Chile el 85% de los jóvenes que pertenecen a los estratos económicos más altos, el 59% de los estratos medios y el 36% de los estratos bajos asisten a la universidad, en Guatemala solo el 32% de los jóvenes de los estratos altos, 15% de los estratos medios y 1% de los estratos bajos lo hace. Esta situación mejorará dramáticamente en Chile observando un incremento de la matrícula de los jóvenes de los estratos bajos con la política de gratuidad de la educación superior. En Guatemala, la matrícula en las universidades refleja una estratificación económica por la capacidad de pago de los padres de familia y esta situación no se resolverá en el futuro inmediato.

Otro ejemplo es el de la paridad de género en el acceso a la educación superior. En México se logró esta paridad en el año 1992. En Guatemala se alcanza veinte años después, en 2012. Esta circunstancia también se manifiesta en la elección de carreras por género. En el área de ingeniería y tecnología la mayoría de matriculados fueron hombres, el 78%, y solo el 22% mujeres, pero en humanidades la mayoría son mujeres, el 66%. Este tipo de elecciones está relacionado con los ingresos laborales y a la capacidad de participación e influencia en los procesos de decisión social e individual.

Para ampliar la autonomía universitaria de cara a los requerimientos de desarrollo académico y problemas nacionales se demanda de la creación de instancias que evalúen y construyan visiones y propuestas de mejoramiento de nuestras instituciones de la educación superior. Para formar profesionales e investigadores capaces de responder a los desafíos nacionales es necesario reformar nuestras universidades.

Para formar profesionales e investigadores capaces de responder a los desafíos nacionales es necesario reformar nuestras universidades.

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