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Día de la Independencia II, a la caza de las taquillas sin Will Smith

El director Ronald Emmerich pretende repetir con Día de la Independencia: Contraataque el récord de taquilla que batió con la cinta original, por medio de una nueva generación de actores capitaneada por Liam Hemsworth, con la que reemplaza, por así decirlo, la ausencia de Will Smith.

El cineasta alemán explicó en un encuentro con Efe que el hecho de que Smith rechazara repetir experiencia con los extraterrestres le golpeó al principio, hasta que comprendió que su vacío lo podía aprovechar para hacer algo nuevo.

La producción, se estrena hoy en Guatemala, es la secuela de la famosa cinta de 1996, en la que la Tierra se enfrenta a una invasión alienígena durante los días previos al Día de la Independencia en Estados Unidos, el 4 de julio.

“Para sustituir a su personaje, he tenido que crear una generación entera”, confesó Emmerich, consciente de lo que suponía la pérdida del carismático capitán Steve Hiller, que Smith interpretó hace dos décadas.

El director de 60 años se mostró seguro y convencido con la elección de Hemsworth, de 26 años, al asegurar que quedó contento con su trabajo en el set de rodaje.

“Cuando lo conoces, se muestra dulce y tranquilo, pero en la pantalla tenía que convertirse en un chico malo y rebelde, y lo hizo genial. El público se quedará sorprendido con él”, halagó el alemán al joven intérprete.

La joven estrella

Hemsworth, conocido por su papel en la trilogía Los juegos del hambre, reconoció que le hacía ilusión conducir las naves espaciales y combatir contra los alienígenas, puesto que vio la cinta original cuando tenía 6 o 7 años.

Con su barba desenfadada y una sonrisa torcida, el rubio actor remarcó que fue más difícil tener que lidiar con Katniss Everdeen, la protagonista del mundo creado por Suzanne Collins a la que da vida Jennifer Lawrence, que con los extraterrestres.

“Los dos son muy complicados pero Katniss es una mujer muy compleja y eso para Gale, mi personaje, era muy confuso”, apuntó entre risas.

Veinte años después del primer ataque procedente del espacio exterior, el mundo ha alcanzado la paz global y ha desarrollado armas que combinan tecnología humana y alienígena.

En este contexto, la principal preocupación de Emmerich consistía en no extender la película más de lo necesario, puesto que en su opinión “los largometrajes de hoy en día son demasiado largos. No veo con buenos ojos hacer una cinta de dos horas y media si el argumento no es bueno”.

Efectos especiales

En la cinta, de 120 minutos, el cineasta midió con cuidado el número de efectos especiales: “Al final hicimos más de los que usamos, porque nos dimos cuenta de que eran demasiados y se hacía pesado”.

El también director de El día después de mañana y 2012 subrayó que solo ha vuelto a ver la cinta de 1996 dos veces y que, a pesar de que le “gustaría rehacer los efectos especiales”, no lo hace porque para él una película refleja la tecnología de la época.

Aun así, el trabajo de postproducción en la nueva cinta reluce cuando las máquinas gravitacionales de los extraterrestres provocan que un buda gigante golpee el Big Ben o que la ciudad de Dubái caiga literalmente sobre París.

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