Home > Columnas > La nueva corrupción

Con los casos La Línea, Negociadores de la Salud, Lago de Amatitlán, Plazas fantasmas, TCQ, Cooptación del Estado y La Cooperacha se expone que la corrupción en Guatemala ha evolucionado. Si bien este fenómeno siempre ha existido, el proceso se ha perfeccionado: ahora no solo es el abuso de poder o enriquecimiento ilegítimo de políticos, sino incluye actividades como lavado de activos, defraudación tributaria, fraude, soborno, peculado, extorsión, concusión, tráfico de influencias, uso de información privilegiada, etcétera.

Es decir, la corrupción dejó de ser tradicional y se modernizó. Estos casos penales evidencian complejos esquemas de operar de estas estructuras criminales en el Estado, revestidas de nuevas formas de criminalidad que desarrollan a gran escala una serie de actividades ilícitas. No solo son acciones cometidas por estos funcionarios, sino que también van dirigidas contra el Estado.

Las investigaciones tan contundentes del MP-Cicig han logrado determinar la interconexión entre asuntos al parecer dispares, como lavado de dinero para el financiamiento electoral a través de una triangulación de relaciones con canales de televisión abierta, empresas de cartón y del sistema bancario, tratando de ocultar el origen ilícito del dinero, pero que se unían para llevar al poder a un grupo criminal con la intención de que luego toda la estructura recibiera beneficios económicos.

Lastimosamente alcanzaron su cometido: llevar al poder a un nefasto dúo y a su red criminal con el único afán de saquear al Estado, que como vulgares delincuentes, pero muy bien organizados, dejan sumida en la pobreza a Guatemala y a miles de afectados por sus fechorías.

Observamos que la relación entre corrupción y política es más profunda, y los conceptos jurídicos quedan cortos ante las novedosas formas de hacer corrupción. Este flagelo es producto de grupos estrictos, rígidos, con división avanzada de tareas y mecanismos de persuasión y coerción que garantizan el respeto a sus reglas, fuertemente jerarquizada, que compone además un medio de influencia en el mercado político y económico, en el ámbito nacional y supranacional. Penosamente algunos no están dispuestos a renunciar a este modelo, por lo que considero surgirán nuevos casos de corrupción.

La relación entre corrupción y política es más profunda, y los conceptos jurídicos quedan cortos ante las novedosas formas de hacer corrupción.

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