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El silencioso elefante blanco

El artículo 1 del Decreto 31-2002 del Congreso de la República establece que la Contraloría General de Cuentas es el ente rector de la fiscalización y el control gubernamental y tiene como objetivo fundamental dirigir y ejecutar con eficiencia, oportunidad, diligencia y eficacia las acciones de conrol externo y financiero gubernamental, así como velar por la transparencia de la gestión de las entidades del Estado o que manejen fondos públicos, la promoción de valores éticos y la responsabilidad de los funcionarios y servidores públicos, el control y aseguramiento de la calidad del gasto público y la probidad en la administración pública.

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O sea, una gran cantidad de funciones que debería ser suficiente para mantener ocupadas a miles de personas en todo el país.

Lamentablemente, todo esto queda en letra muerta, como cualquiera puede darse cuenta a la luz de los hechos. Por ejemplo, si entre su campo de acción está asegurarse de que los recursos que los guatemaltecos le entregan al Estado por medio de sus impuestos se gasten con calidad y probidad ¿por qué tan pocas denuncias ante el Ministerio Público?

No puede decir que se debe a que el país está libre de corrupción y que todos los funcionarios públicos son honrados y han trabajado en favor de la población.

Para no ir muy lejos ¿dónde estuvo la Contraloría mientras cientos de personajes que hoy están capturados cooptaban al Estado o reunían cooperachas con dinero público para comprarle obcenos obsequios a los exgobernantes?     ¿Dónde estuvieron los delegados de la Contraloría cuando varios exsuperintendentes de administración tributaria hicieron de las suyas dentro y fuera de la institución?

Sin embargo, parece que los empleados de este ente supuestamente fiscalizador, se dedican a buscar errores de forma en los procedimientos y requisitos de las compras y contrataciones, en lugar de concentrarse en los hechos de fondo, como sería darle seguimiento al cumplimiento de los contratos o revisar la calidad de los productos adquiridos.

Tampoco han tenido tiempo para revisar los convenios de arrendamiento que luego se han convertido en usufructo en las portuarias ni para darse cuenta de que algunos exgobernantes se dedicaron a regalar y repartir propiedades que no les pertenecían.

Hoy de nada sirve que el Contralor actual se vista de primera comunión y comience a señalar a diestra y siniestra, pues muchos de los escándalos que han estallado en los últimos meses tuvieron su origen desde hace varios años.

Afortunadamente, la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y el Ministerio Público (MP) no descansan y en cualquier momento convocarán a otro Jueves de Cicig o un Sábado de MP para denunciar públicamente la responsabilidad que han tenido en la corrupción, los últimos jefes de un ente que no es más que un callado elefante blanco.

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