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Es la palabra justa de quienes alcanzan un nivel de conciencia a partir del reconocimiento de un país como Guatemala, en el que la mayoría sufre de pobreza. Y en esencia, los que llevan la pobreza a cuestas.

Hoy, algunos ciudadanos se sienten indignados por los actos de corrupción de quienes han sido dignatarios de la nación. Se han dado cuenta que estos robaron y mintieron. Que la justicia es injusta. Y frente a estos hechos, se indignan y señalan a los corruptos.

La indignación es ese salto de la conciencia, cuando esta alcanza la autoconciencia individual y colectiva. Y es en ese sentido, que abre las puertas para que en una sociedad donde priva la democracia política, nos conduzca a manifestar nuestro descontento  por la forma descarada con que se roban el dinero del erario.

También habrá que juzgar históricamente las diferentes formas corruptas de los gobiernos anteriores. Registrar las cuentas y bienes materiales de las personas que nos han gobernado para darnos cuenta de cómo, no solo hicieron crecer sus riquezas, sino que surgieron nuevos ricos en esta sociedad en la que tradicionalmente los adinerados, mantienen diferentes formas de expoliar a la sociedad y sus recursos naturales.

Ciertamente, vivimos en un mundo injusto  con sus extremos de miseria en medio de los grandes desposeídos; los que sufren vejaciones; los que carecen de alimentos y de oportunidades para desarrollar su inteligencia. Transitamos en una sociedad en la que priva la enfermedad y la injusticia.

Nada más habrá que abrir los ojos cuando se camina por  la ciudad capital, para ver el drama humano en cada esquina, en cada paso que se da. Por ahí, un niño vestido con andrajos; por allá, un mendigo cubierto de mugre o mujeres adolescentes cargando en sus brazos a sus hijos escuálidos. Y no falta el anciano que lleva en sus arrugas el tiempo de la humillación o los jóvenes drogándose para escapar de un mundo que nos le dio ninguna oportunidad para vivir con dignidad.

Sí, indignados los que sienten en su alma esta miseria humana. También indignados los que señalan con el dedo a quienes roban la alegría de vivir cuando por sus manos vergonzosas corren los billetes que  escabullen a mansalva de las arcas nacionales o quienes explotan a los trabajadores con salarios de hambre.

Los guatemaltecos tenemos muchas razones para estar indignados. Falta la propuesta que nos permita caminar en la construcción de una mejor sociedad. Ofrecer una visión de país con acciones concretas y viables. Pero sobre todo, enderezar los pasos para expulsar ese afán insoportable de búsqueda de la riqueza cueste lo que cueste, sin tomar en cuenta que en el país existimos personas que  anhelamos  vivir con dignidad.

En este proceso de limpieza  que se ha empeñado  la CICIG y el MP, debe quedar una lección, cual es que las mentiras no se pueden esconder, sino que con otras mentiras y mientras más crece la mentira, más difícil es seguir con el engaño.

En el proceso de limpieza  que se ha empeñado  la CICIG y el MP debe quedar una lección, las mentiras no se pueden esconder, sino que con otras mentiras y mientras más crece la mentira, más difícil es seguir con el engaño.

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