Home > Columnas > El arte, ¿tiene trascendencia constitucional?

El arte, ¿tiene trascendencia constitucional?

Mario Pérez Guerra

Expresidente CC

Durante este año, 2016, se están celebrando los 500 años del fallecimiento de uno de los grandes pintores holandeses del período transicional al Renacimiento: Hieronymus Bosch, conocido como el Bosco, quien falleció en 1516 y dejó un legado artístico perturbador especialmente en el tríptico denominado El jardín de las delicias. Esta pintura ha sido objeto de estudios, aplicaciones, reproducciones por el interés que suscita en todos.

En ella, como lo afirma José María Herrera, “el Bosco confirma su creencia en que el orden depende de la presencia divina y el caos, de su ausencia”, concepción típicamente religiosa, pero que confirma uno de los valores importantes de toda sociedad, pero que constantemente es ignorado: el orden.

Esta obra se pintó en el momento preciso del descubrimiento y conquista de América. Fue esa época en la que, lo que conocemos hoy como Guatemala principió su vida con la presencia de europeos, especialmente españoles. Nos guste o no, esa es una obra de arte que nos transmite los valores en los cuales creía y compartía, probablemente, gran parte de la población europea.

En la actualidad ya no hay creencia generalizada en demonios, infiernos, monstruos, ni en personajes siniestros, como los que aparecen en la pintura. Por el contrario, los infiernos y los personajes siniestros están vivos en las condiciones de vida de millones de seres humanos.

El arte, en muchos casos, tuvo un papel importante en la transmisión de las condiciones de vida del hombre. Así pintó la opulencia de las monarquías como la miseria de las clases desposeídas. El arte, en general, constituye cultura.

El Bosco, tal como se dijo arriba, no fue la excepción. Pintó, en la primera tabla del tríptico,  lo que a su entender fue un orden, la creación; en la tabla central, el Jardín de las delicias, un colectivo licencioso equivalente a una sociedad desordenada y, en la tercera tabla El Infierno, que representa el castigo para aquella sociedad desenfrenada. Al parecer, aquí obtenemos, al menos, dos conclusiones: la primera consistente en que el arte, por medio de esta pintura, nos relata los momentos históricos de la humanidad, de una manera pedagógica.

La segunda nos presenta una sociedad similar a la actual, con todas sus delicias, contradicciones, aberraciones y desórdenes. ¿Cuál es, entonces, el papel del arte en la Constitución Política de un país? Aproveché el ejemplo del Bosco para decir que el arte es parte fundamental de la cultura, la que a su vez es un derecho inherente al ser humano. Por otra parte, el arte nos está enseñando, por medio de El jardín de las delicias, que la sociedad ha sido y es un colectivo desordenado que debe ordenarse.

El orden es, también,  parte del Derecho Constitucional. La Visión de Estado, en el largo plazo, debe ser la imagen de una sociedad ordenada, con lo cual puede contribuir el arte. El arte, como elemento de la cultura, es la ejecución de un derecho humano y, por ello, de trascendencia constitucional.

El arte nos está enseñando, por medio de El jardín de las delicias, que la sociedad ha sido y es un colectivo desordenado que debe ordenarse.

.
.

Leave a Reply